¿Ropa y zapatos por cuarenta años?

desierto¿Se acuerda usted cuántos pares de zapatos ha usado durante toda su vida? ¿Cuanto tiempo le duró el último par de zapatos que compró? Seríamos mas que benditos si, usando los mismos zapatos todos Los días, su duración llegara a los tres años. Resultan asombrosos las palabras en Deuteronomio 29:5: ‘Y yo os he traído cuarenta años por el desierto: vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros

El rey anónimo.

coronaEn Inglaterra, cuándo los carros empezaron a ser lo suficientemente comunes para amenazar a los peatones, alguien propuso la idea de hacer áreas de cruce (cruza calles) en los cuales la gente podría cruzar de manera segura de un lado de la calle a la otra. Se pintaron rayas blancas en las calles, y se pusieron postes con rayas blancas y negras con grandes esferas anaranjadas encima para identificar estas áreas de cruce para tanto peatones y los conductores.

¡Nadie me ama!

rrosa* Juan era un adolescente. Se sintió muy solitario. No estaba en casa porque sus padres se habían separado. El se había ido a la ciudad, esperando confiadamente en hallar amigos. Su dinero casi todo lo había gastado. Buscaba trabajo, pero le fue difícil conseguirlo. El trato de hallarse amigos; pero parecía que a nadie le importaba.
-¡Nadie me ama!- lloró con desesperación

Tres regalos para el Señor Jesús.

pesebreMateo 2:1-12.
Encontramos en nuestro texto piloto que Jesús en su nacimiento fue visitado por unos magos, eran personajes de un país oriental no especificado, que estudiaban los astros y veían en ellos signos del curso de la historia humana. El texto no dice cuantos eran los sabios (magos). Estos representan anticipadamente a los pueblos no judíos que llegaran a reconocer a Jesús como el Cristo o el Mesías

Nube y fuego.

El Sol ya se había ocultado detrás de los enormes árboles en el interior de la región amazónica. Traté de reunir un poco de leña y encender una hoguera.
Los hermanos indios me habían aconsejado: “Pastor, si tiene que pasar una noche en la selva, encienda una fogata”. El fuego es todo para los nativosde la tribu campa, entre los cuales viví durante tres años. Teniendo fuego tienen seguridad, pues ningún animal peligroso se aproxima al fuego. Teniendo fuego tienen luz. Teniendo fuego tienen calor y no necesitan de abrigo

Ahora es la hora.

¿Alguna vez has llegado a pensar en algún momento que el Señor vendría justo en ese instante? Muchos creyentes en Jesús están tan ansiosos por «recibir al Señor en el aire», tal y como lo ponen las Escrituras (1 Tesalonicenses 4:17), que en uno u otro momento han creído que «¡Ahora es la hora!».

Mi esposa Sue, quien una vez trabajó en un hogar cristiano para ancianos

Para Matrimonios.

María Aparecida y Raúl llegaron un día a mi escritorio, con el hogar al borde del colapso. ¿Dónde estaban los sueños que un día los llevaron al altar? ¿Qué sucedió en apenas cinco años de matrimonio?

-Fueron apenas seis meses de felicidad, pastor -dijo ella llorando-. Después todo fue agresión y angustia, que hoy se está transformando en desprecio e indiferencia.

Él vive aquí.

Hace muchos años, cerca de la real residencia británica en la isla de Wight, habia varias casas para los pobres y los ancianos, Un misionero que un día visitaba algunos ancianos, preguntó a una mujer: ¿Os visita alguna vez la reina Victoria? Oh, sí – contestó .

Su majestad viene a menudo a vernos. Después, pensando si la mujer sería cristiana o no, el misionero preguntó: ¿Os visita alguna vez el Rey de reyes? La mujer inmediatamente sonrió y le contestó

Tengo sed.

Un día una amiga decidió visitarme, era la primera vez que iría y al parecer no había copiado bien la dirección de mi casa, así que estuvo más de una hora perdida, entre calles, veredas, subía cuestas, las bajaba, hasta que al fin llegó.

Muy extenuada, por su intenso esfuerzo por llegar, solo dijo algo al verme, “tengo sed, necesito agua”.

La roca.

Cuentan que un muy buen hombre vivía en el campo pero tenía problemas físicos, cuando un día se le apareció Jesús y le dijo: «Necesito que vayas hacia aquella gran roca de la montaña, y te pido que la empujes día y noche durante 1 año».

El hombre quedó perplejo cuando escuchó esas palabras, pero obedeció y se dirigió hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le mostró. Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no conseguía moverla ni un milímetro.