Los gansos.

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.

Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.

¿Tienes tiempo de leerlo?

Aún no llego a comprender como ocurrió, si fue real o un sueño.  Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano.  El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…

En algún lugar entre la semi-inconciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón, no tenia nada en especial, salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas.

La cena con Jesús.

Ruth miró en su buzón del correo, pero solo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla, pero luego la miró con más cuidado. No había sello ni marcas del correo, solamente su nombre y dirección. Leyó la carta:

Querida Ruth:
«Estaré en tu vecindario el sábado en la tarde y pasaré a visitarte. Con amor, Jesús»

Sus manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa.

Cicatrices del alma.

Las contusiones y heridas recibidas sobre nuestro cuerpo, cuando son severas; nos dejan una marca (cicatriz) permanente, de por vida.
Personas que han sufrido accidentes, han estado en una guerra, o han sido víctimas de violencia física y maltrato, conservan en sus cuerpos, una marca que les recuerda un trágico momento de sus vidas.

Pero hay heridas que son invisibles a nuestros ojos físicos

El huevo vacío.

Jim nació con un cuerpo deformado y una mente lenta. A la edad de 12 años no había pasado de 2º grado, y parecía que jamás podría aprender nada. Con frecuencia, su maestra se exasperaba con él porque solía estar en su banco moviéndose, babeando, y gruñendo. A veces hablaba claramente, como si un rayo de luz hubiera penetrado en la oscuridad de su cerebro. Pero la mayor parte del tiempo, Jim irritaba a su maestra.

Cierto día, la maestra citó a los padres de Jim para hablarles

UN hombre cayó en un pozo.

Un hombre cayó en un pozo y no podía salir
Una persona SUBJETIVA se acercó y dijo: «Me identifico con tu situación».
Una persona OBJETIVA se acercó y dijo: «Es lógico que alguien haya caído ahí adentro».
Un FARISEO dijo: «Sólo la gente mala cae en un pozo».
Un MATEMÁTICO calculó cómo se había caído en el pozo.
Un PERIODISTA quería la historia exclusiva del pozo.
Un FUNDAMENTALISTA dijo: «Mereces estar en el pozo».

Carta de Jesús para tí.

Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo sé todo acerca de tí… Yo sé cuando te sientas y cuando te levantas … Todos tus caminos me son conocidos … Conozco cuántos cabellos hay en tu cabeza … Pues fuiste hecho a mi imagen …

Te conocí desde antes que fueses concebido(a) … Te escogí cuando planifiqué

El capullo.

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por hacerlo mas grande para poder salir.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció

El hot-dog.

En una víspera de Navidad, un exitoso hombre de negocios se apuraba a llegar a la carnicería antes de que cerraran.

-¿Va a comprar su pavo de Navidad? – preguntó un amigo.

-No. Hot dogs – respondió el hombre.

Después explicó cómo, años atrás, un fracaso rotundo en sus negocios le había quitado toda su fortuna.

Sólo debes pedirlo.

Durante la guerra Hispano-Americana, Clara Barton estaba supervisando el trabajo de la Cruz Roja Americana en Cuba.

Un día, el Coronel Theodore Rooselvet acudió a verla, queriendo comprar alimentos para sus enfermos y heridos en Rough Riders. Pero ella rehusó venderle nada.

Rooselvet quedó perplejo. Sus hombres necesitaban ayuda