Semana Santa

En esta semana el mundo entero conmemora la muerte de Jesucristo el Hijo de Dios el cual vino a la tierra  tomando forma de hombre y sin experimentar pecado murió por cada uno de nosotros para darnos vida eterna.

A esta semana en especial le llaman: “Semana Santa”, pero ¿Será que verdaderamente es una Semana Santa para nuestra vida?, en especial en esta semana todo mundo tiene vacaciones, las cuales utilizan para ir con la familia a la playa, a ciudades o pueblos a visitar a sus familiares o para simplemente descansar en casa, otras personas utilizan esta semana para ir de fiesta con sus amigos y realizar acciones que no tienen nada que ver con la santidad que debería reflejar esta llamada “Semana Santa”.

Yo era ese amigo

La congregación terminó de cantar unos himnos. Luego el pastor pasó al frente y presentó a un amigo de su infancia que pasaría a compartir unas palabras esa noche. tras la presentación, un hombre anciano pasó al púlpito y comenzó a hablar:

«Un padre con su hijo, y un amigo de su hijo, navegaban en una pequeña barca cerca de las costas del Océano Pacífico. De repente, se levantó una fuerte tormenta y no tuvieron tiempo para regresar a tierra. Tan fuerte era el oleaje que el padre no pudo mantener la embarcación a flote a pesar de su experiencia. La pequeña embarcación se volcó, arrojando a los tres al mar embravecido».

Una súplica desesperada

Cierta noche, un hombre bien vestido fue a ver a un creyente muy conocido. Con voz suplicante le pidió:»¡Sálveme!». COmo su padre había sido un bebedor empedernid, él mismo tenía aversión al alcohol. Pedía socorro porque dos o tres veces por año le sobrevenía la necesidad de beber; entonces debía emborracharse. Después sentía una profunda vergüenza.
Pero simplemente debía hacerlo.

El creyente le preguntó:»¿Cómo puedo salvarlo, si usted mismo no lo puede hacer? Las cadenas del diablo son demasiado fuertes como para que yo las rompa. Su visitante se desplomó en el sillón y dijo:»Sí, fue la respuesta».

El niño más cariñoso

Hace mucho tiempo al autor Leo Buscaglia, le pidieron que fuera parte del jurado de un particular concurso.

El fin del concurso era encontrar al niño más cariñoso y lleno de amor.

El ganador del concurso fue un pequeño de 4 años el cual era vecino de un anciano  y a quien recientemente se le había muerto su esposa.

El niño, al ver al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, camino hacia donde estaba el anciano, se subió a su regazo y se sentó.

Los lentes del alma

Paula, una joven de escasos 12 años, visitaba por primera vez al optómetra , el cual le diagnosticó miopía en ambos ojos.

– Sientes que no puedes ver bien de lejos, Paula. – dijo el doctor.
– Sí, se me dificulta mucho hacerlo.- afirmó Paula
– Te sientes muy mal por esto, verdad ?- dijo el doctor
– Sí, lo que más me afecta es que no puedo distinguir a cierta distancia el rostro de algunas personas, ni observar de lejos el amanecer

Deja que tu luz brille

Una pequeña niña se encontraba entre un grupo de personas, que eran guiadas en una excursión por una gran catedral. Mientras el guía daba explicaciones sobre las diversas partes de la estructura, el altar, el coro, la mampara y la nave principal, la atención de la pequeña estaba enfocada en una vidriera de colores.

Estuvo por largo tiempo, considerando en silencio la ventana. Al elevar la vista hacia las figuras que formaban parte del vitral, su rostro fue bañado en un arco iris de colores cuando el sol de la tarde inundó el ala cruciforme de la inmensa catedral.

El paquete completo

Nuestra familia había vivido en la misma casa durante muchos años, y era hora de cambiar de panorama. Cuando finalmente encontramos una casa que nos gustó, comenzamos a negociar su compra.

Teníamos que averiguar si incluía el refrigerador y la estufa. Pero sabíamos que algunas cosas no estaban incluidas. La casa no venía con muebles. Y en plan de chiste yo me preguntaba si podíamos quedarnos con los autos que había en el garaje.

¿Arrojas piedras o das otra oportunidad?

Ella dijo: «Ninguno, Señor». Entonces Jesús le dijo: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más». Juan 8:11

A mí me fallan una vez y ahí termina todo». Así se expresaba una dama hablando de la posibilidad de que algún día su esposo le fallara. Ese espíritu de no dar una segunda oportunidad al que comete un error prevalece entre esposos, amigos, miembros de iglesia e instituciones. El lema es: «Si fallaste, no esperes más». Es un consuelo pensar que Dios no es así. Dios es el Dios de la segunda oportunidad.

Dios demostró en la cruz del Calvario el amor verdadero, que alcanza a quienes ya agotaron toda oportunidad y toda paciencia humana.

El cuadro

Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista. Llegado el momento, se tiró el paño que velaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.

Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.

¿No es verdad que te amé?

Oí contar esta historia en Houston (Texas) -dice el Dr. Scarborougb.

Un joven empleado salió de su oficina al oscurecer y vio un tumulto en la calle. Al acercarse observó un caballo desbocado y una muchacha enloquecida, puesta en pie sobre, un carro, tratando de alcanzar las riendas. La gente corría por todas partes para no ser atropellada; pero cuando el joven llegó más cerca se dio cuenta de que la joven en peligro era aquella a quien él, unas pocas semanas antes, había prometido tomar como compañera de su vida, y sin pensarlo un instante corrió hacia el caballo tratando de contenerles.