¿Era fe o pretensión?

Mientras el pueblo de Israel estaba en la llanura, desmoralizado por los incesantes ataques de sus enemigos, Jonatán, el hijo del Rey Saúl, y su paje de armas, se preparaban para tomar por sorpresa un puesto de observación enemigo, situado en la cima de una pared rocosa. Dos jóvenes contra un ejército bien organizado, ¿no era un desafío insensato, la pretensión de la juventud? La derrota, ¿no era inevitable? Sin embargo, ellos dijeron: «Quizás Dios haga algo con nosotros, pues no le es difícil salvar con muchos o con pocos«.

Esto era tomarle a Dios la palabra, era el desafío de la fe. Los vemos trepando las rocas con muchos esfuerzos. Su llegada provocó espanto y temos de Dios entre los enemigos.

Consciente de lo que es la gracia

Simón era un joven canadiense que necesitaba dinero para hacer frente a su adicción a las drogas, pero ¿cómo ganarlo a los 17 años de edad? Se puso a vender la droga él mismo. Dos condenas  no pusieron fin a su narcotráfico.

Al cumplir 18 años fue invitado a una reunión: allí oyó el evangelio y comprendió que Dios lo había amado hasta dar a su propio Hijo. Ante Dios reconoció todo el mal que había cometido; la paz lo invadió y fue liberado de su antigua vida.

Pero debía ser juzgado por tercera vez. Ya era mayor de edad y tenía miedo; sabía que esta vez merecía una severa pena de prisión.

La despedida

«Hijo mío, cuando estés en dificultades, no te olvides de orar a Dios. Con estas palabras una madre se despidió de su hijo único que se iba como marinero. Ella estaba muy preocupada por él, pues el joven acababa de rehusar entregar su vida a Dios. ¡Si por lo menos en la angustia se acordara de Dios!

«Eso de orar…ya lo veremos…» pensaba alegremente el joven. El quería dirigir su vida por sí mismo. Sin embargo, en su primer viaje el joven tuvo un accidente que le hizo pensar en Dios.

Decir todo a Dios

Yo me había acostumbrado a visitar regularmente a una cristiana, viuda desde hacía un año, que vivía en una modesta granja. Tenía dos hijos: el mayor estaba casado y vivía bastante lejos. El segundo, Lucio, vivía con su madre y parecía no poder defenderse sin su ayuda.

La muerte del padre había sido terrible para este hijo. Cierto día la madre me comunicó llorando que tenía cáncer. No temía morir, porque sabía que entraría en el eterno descanso, pero estaba preocupada por su hijo, cuya tristeza y desasosiego serían inmensos.

¿Qué decir en semejante circunstancia?   ¿Dónde buscar consuelo, sino junto al «Padre de misericordia y Dios de toda consolación»? (2 Corintios 1:3). Entonces confiamos nuestra tristeza a Dios, seguros de que nos escucharía y contestaría. Dios se llevó a esta creyente dos meses más tarde.

La humildad de algunos científicos

«La idea de que el mundo, el universo material, se haya creado solo, me parece absurda. Sólo concibo el mundo con un creador, es decir, Dios». Alfredo Kastler, Premio Nobel de Física.

«Cuanto más comprendemos la complejidad de la estructura atómica, la naturaleza de la vida o el movimiento de las galaxias, más razones tenemos para maravillarnos ante los esplendores de la creación divina. El hombre necesita fe, lo mismo que pan, agua o aire». Werner von Braun, padre de la astronáutica.

«El investigador comprende fácilmente que la ciencia, a pesar de sus brillantes progresos y su extraordinario desarrollo, no trae ninguna clase de respuesta a las grandes preguntas que formula la reflexión desde que el hombre existe». Luis Leprince-Ringuet, físico.

Dios existe, lo encontré

El título de este tema es el de un célebre libro de un autor francés. Merece que nos detengamos en él. El autr no dice: «Dios exite, lo he demostrado», sino: «lo encontré». No evoca, pues, una demostración, sino un encuentro con una persona viva.

Para los incrédulos, la existencia de Dios constituye un difícil problema metafísico, pero este problema ya no preocupa a aquellos que viven relacionados con Dios. Si tengo un contacto visual, telefónico o epistolar con alguien, no tendré ninguna necesidad de que se me pruebe que mi interlocutor existe.

Si, No, Espera

Me parece que era ayer cuando Magali, la pequeña enferma de doce años, me decía con amargura:»No creo en Dios. Nunca me ha contestado cuando he orado. Vea, es mi tercera estadía en el hospital y no veo progresos».

Entonces traté de explicarle que Dios puede responder de tres maneras diferentes:
Naturalmente, una forma es diciendo «si», es decir, otorgando en seguida lo que pedimos. Pero también puede decir «no» por una única razón: nuestro bien, el bien de nuestro corazón. Cuando el Señor cierra una puerta, sabe lo que hay detrás. «No» es, pues, también una respuesta.

Obedecer a las consignas

En mi lugar de trabajo se hallan dos edificios que son limpiados por dos mujeres. A menudo una de ellas se queja de su jefe, diciendo: ¿Por qué no prohibe a la gente trabajar cuando hago la limpieza?. También se queja del personal: ¿Por qué no pasan por otros corredores cuando acabo de limpiar?

La otra, en cambio, siempre está muy sonriente y realiza su trabajo según las órdenes dadas. Su edificio siempre está limpio. Estas dos mujeres me hacen pensar en dos categorías de personas.

El cumpleaños

La siguiente historia tuvo  lugar en Rusia, en los años 70. Esa noche Liuba festejaba sus cinco años. Su padre estaba en la cárcel a causa de su fe. Desde hacía algunos días su madre pensaba como podría orientar ese día para que los niños sintieran menos dolorosamente la ausencia de su padre. Sólo podía ofrecerles patatas con un pedacito de tocino. Felizmente recibieron una carta de su padre.

Antes de empezar la cena, se dirigieron al Señor: «Señor Jesús, oró la pequeña Liuba, cuida de nuestro papá para que vuelva bien de salud.

Jesús Adrián Romero: ¿Como alcanzar los sueños de Dios?

Hay sueños que provienen del corazón de Dios y hay sueños nuestros. Los sueños nuestros pueden ser alcanzados a través de nuestra capacidad humana, a través de nuestros recursos e influencia. Los sueños de Dios son alcanzados a través del poder de Dios.

La palabra de Dios a Zorobabel fue: «No es con ejercito, ni con fuerza, sino con mi espíritu…». La tarea que zorobabel tenía que llevar a cabo era titánica y Dios le advierte que si él descansaba en su habilidad para alcanzarla, el propósito no se lograría.