En los brazos de Dios
No creamos que sólo cuando se es niño se puede tener el consuelo de unos brazos que nos alcen cuando nos sentimos tristes o tenemos miedo. Pensemos que aún siendo adultos, esos brazos se extienden para contenernos en los peores momentos.
Para un niño no hay consuelo mayor que los brazos de sus padres. Si se caen, se lastiman, si un juguete se rompió o alguien les dijo algo feo, si se asustaron o les duele algo, el mejor lugar, el más cálido, son los brazos de papá o mamá.
Parecería ser que hacerle upa a un hijo fuera un acto mágico.
Cuantas veces hemos exclamado “Yo lo haría mejor”, o «Yo lo Haría de ésta otra forma». Es más, sé que conoces a unos cuantos por ahí que utilizan éste tipo de frases casi como un lema.
Un Joven alpinista iba acompañado por dos fuertes y experimentados guías, en su primer intento por escalar los Alpes Suizos, y se sentia seguro de tener un guía en la delantera y otro detrás de él.
Un ladrón inglés llamado el Capitán Rayo escapó de la justicia y huyó al este de los Estados Unidos en 1818. Allí comenzó a practicar la medicina. Tomó el nombre de Dr. John Wilson. A menudo, y para que no le reconocieran, llevaba tres trajes puestos encima que le hacían parecer más grande y cubrían una pierna deforme.
-Quédense con su vieja Biblia. No la necesito, ¡yo soy mi propio dios!Así fueron recibidos en una cárcel dos visitantes que quisieron ofrecer un Nuevo Testamento a un preso llamado José.
Cuando yo era chico, me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Yo me había acostumbrado a visitar regularmente a una cristiana, viuda desde hacía un año, que vivía en una modesta granja. Tenía dos hijos: el mayor estaba casado y vivía bastante lejos. El segundo, Lucio, vivía con su madre y parecía no poder defenderse sin su ayuda.
Me parece que era ayer cuando Magali, la pequeña enferma de doce años, me decía con amargura:»No creo en Dios. Nunca me ha contestado cuando he orado. Vea, es mi tercera estadía en el hospital y no veo progresos».
En mi lugar de trabajo se hallan dos edificios que son limpiados por dos mujeres. A menudo una de ellas se queja de su jefe, diciendo: ¿Por qué no prohibe a la gente trabajar cuando hago la limpieza?. También se queja del personal: ¿Por qué no pasan por otros corredores cuando acabo de limpiar?
Corría el año 1979. Viktor Kilmenko, cantante finlandés de origen ruso, acababa de convertirse a la fe cristiana. Como ya no quería interpretar sus canciones livianas, renunció a todos sus contratos con la televisión y con los cabarets. ¿Pero qué hacer para ganar su propio sustento y el de los suyos?