¿No es verdad que te amé?
Oí contar esta historia en Houston (Texas) -dice el Dr. Scarborougb.
Un joven empleado salió de su oficina al oscurecer y vio un tumulto en la calle. Al acercarse observó un caballo desbocado y una muchacha enloquecida, puesta en pie sobre, un carro, tratando de alcanzar las riendas. La gente corría por todas partes para no ser atropellada; pero cuando el joven llegó más cerca se dio cuenta de que la joven en peligro era aquella a quien él, unas pocas semanas antes, había prometido tomar como compañera de su vida, y sin pensarlo un instante corrió hacia el caballo tratando de contenerles.
Los turcomanes, nombre dado a muchas tribus del Asia Central, son célebres por la fuerza de sus afecciones naturales. En prueba de esta aserción se cita el siguiente caso:
Isaías 43: 25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Es increíble, pero cierto, hay personas que luego de haberse rendido a Jesús y pedido por el perdón de sus pecados, aun tienen dudas si realmente Dios los perdono o no.
Desde que comenzamos una Nueva Vida, debemos fijar nuestra visión en las cosas que pertenecen al cielo, donde està Cristo sentado a la diestra de Dios en el lugar de Poder y Honor.
Alberto adquirió el compromiso de ser el encargado en su pueblo de pararse cada noche cerca de cruce de tren con la carretera.. y llevar con sigo una linterna de tal manera que pudiese alertar a los conductores que pasaban por alli y asi evitar un choque catastrófico.! Una noche muy oscura se percató de que el tren estaba próximo a la intersección, se levanto de su silla, agarró su linterna y corrió tan rápido como pudo.
Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Una señora alegre devota de la moda, el placer y las fiestas, se encontraba un día algo indispuesta, y estaba en cama cuando sus hermanos entraron llenos de risas, y dijeron:
Una vez, cuando tenía cinco años, fui a un parque local con mi mamá. Mientras jugaba en el arenero, vi a un niño de mi edad en silla de ruedas. Me acerqué a él y le pregunté si podía jugar. Ya que tenía sólo cinco años, no entendía por qué el niño no entraba en el arenero y jugaba conmigo. Me tomé mi cubeta, recogí toda la arena que pude y la puse en sus piernas. Después agarré unos juguetes y también los puse en sus piernas.
Cierta mañana decembrina, me detuve en un restaurante de una clínica para desayunar con una amiga. Veníamos de acompañar a una amiga mutua que estaba en su tratamiento de quimioterapia y la habíamos dejado en su casa reposando.
El joven se sintió engañado. Se había dado cita en un bar con una de esas «damas de la noche», una mujer que le sorbía el seso y cuyo único interés era el dinero. No la encontró, así que se fue a otro bar. Allí tampoco la encontró. No la encontró en ése ni en diez o doce bares más de Santo Domingo, República Dominicana.