Estoy harto de la vida.

Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días, llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar, la cual no me gusto mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta.

Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla plácidamente en mi sillón y mi hija nuevamente

El hombro.

Un día mi madre me preguntó que cual era la parte más importante del cuerpo. A través de los años trataría de buscar la respuesta correcta. Cuando era mas joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije: «Mis oídos, Mamá». Ella dijo: «No, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntare de nuevo.»

Varios años pasaron antes de que ella lo hiciera.

¿Tienes tiempo de leerlo?

Aún no llego a comprender como ocurrió, si fue real o un sueño.  Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano.  El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…

En algún lugar entre la semi-inconciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón, no tenia nada en especial, salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas.

Fabricando un Padre.

En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al padre perfecto: -«Debe ser fuerte», comentó uno. -«También, debe ser dulce», comentó otro experto. -«Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos».

-«Debe ser justo en momentos decisivos; alegre y comprensivo en los momentos tiernos». -«¿Cómo es posible –interrogó un obrero

Formas de nutrir una amistad.

PERMITA QUE SUS AMIGOS SEAN ELLOS MISMOS… Acéptelos como son… Esté agradecido por lo que tiene, no molesto por lo que los amigos no pueden dar… Acepte las imperfecciones de cada uno y la individualidad y no se sienta amenazado si las opiniones y los gustos de ellos difieren a veces de los suyos…

DENSE LUGAR… Tenemos derecho a nuestros sentimientos y pensamientos privados… Los amigos que tratan de invadir el espacio interior de los demás

Ser como la gallina.

Un pastor estaba de vacaciones en casa de un granjero que no era cristiano; pero cuya esposa había estado orando por él por mucho tiempo. Por tal razón el servidor de Dios esperaba la oportunidad para explicarle el valor del sacrificio del Calvario.

Cierta mañana el granjero pidió al pastor que le acompañara al gallinero. En uno de los cuévanos vio una gallina con una crías de polluelos sacando

El Don de dar.

A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo. Un día, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.

– ¿Este es su coche señor?- preguntó. David afirmó con la cabeza. – Mi hermano me lo regaló.

El niño estaba asombrado. – ¿Quiere decir que su hermano se lo regaló

La compañía del Amor.

Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:

-No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.

Ellos preguntaron:
-¿Está el hombre de la casa?
-No, respondió ella, no está.
-Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.

Carlos y su tentación.

El pequeño Carlos estaba haciendo todo lo posible para ahorrar dinero para comprarle un regalo a su madre. Era una lucha terrible, pues cedía fácilmente a la tentación de comprar golosinas al hombre de los helados siempre que la camioneta de colores brillantes llegaba al vecindario.

Una noche, después que su madre lo metió a la cama, lo escuchó orando: Por favor Dios ayúdame a no salir corriendo cuando venga mañana

La cena con Jesús.

Ruth miró en su buzón del correo, pero solo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla, pero luego la miró con más cuidado. No había sello ni marcas del correo, solamente su nombre y dirección. Leyó la carta:

Querida Ruth:
«Estaré en tu vecindario el sábado en la tarde y pasaré a visitarte. Con amor, Jesús»

Sus manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa.