El arenero.
Una vez, cuando tenía cinco años, fui a un parque local con mi mamá. Mientras jugaba en el arenero, vi a un niño de mi edad en silla de ruedas. Me acerqué a él y le pregunté si podía jugar. Ya que tenía sólo cinco años, no entendía por qué el niño no entraba en el arenero y jugaba conmigo. Me tomé mi cubeta, recogí toda la arena que pude y la puse en sus piernas. Después agarré unos juguetes y también los puse en sus piernas.
Benjamín, un creyente que vivía en Sudáfrica, no cesaba de decir: –No debemos odiar a nadie, porque Jesús nos ama a todos. Entonces recibía esta respuesta: –Tú que eres negro, ¿quieres que amemos también a los blancos?
Una maestra de escuela dominical una vez le dijo a su clase de adultos: “El próximo domingo voy a dar una lección muy importante. Quiero que todos lean el capítulo 17 del Evangelio de San Marcos anticipadamente”. Los alumnos asintieron.
EO B. HALLIWELL y su esposa pasaron muchos años de su vida sirviendo al prójimo a lo largo del gran río Amazonas. Durante esos años de arduo trabajo les tocó vivir de cerca numerosos incidentes emocionantes. Esta es una de las historias que al pastor Halliwell más le gustaba relatar.
Se cuenta que alguna vez, en Inglaterra, existia una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus favoritas era donde vendian antiguedades; en una de sus visitas encontro una hermosa tacita. ¿ Me permite ver esa taza ?, pregunto la Señora, ¡nunca he visto nada tan fino!
Hola, soy una muela, un simple molar que vivo en medio de todos mis hermanos y hermanas, dientes de toda clase. Molares, incisivo, canino y pre-molares. Últimamente nuestra vida se ha visto envuelta en situaciones muy preocupantes.
Cierto día fuimos a visitar a una hermana, que había pasado por un sin fin de problemas, al llegar a su casa, su pequeño de dos años de edad, estaba jugando con unos cochecitos, al vernos llegar señalaba hacia la puerta del baño, dando a entender que su madre estaba bañándose, el abuelo del pequeño nos hizo entrar a la casa, confirmando lo que el pequeño nos decía, apenas en señas.
Conocí la historia de una mujer que tuvo seis hijos. Se llevaban todos del uno al otro solo un año de diferencia. Ella era joven y trabajadora. Su esposo era casi un anciano, pero un buen trabajador, y Dios suplía sus necesidades de alguna manera cada día.
Con cánticos de alegría salieron los canteros una mañana para empezar sus trabajos en la cantera cerca de Bristol, población importante en el Oeste de Inglaterra. Era el 31 de Marzo de 1868.
Jesús, nuestro Mesías, dijo 7 palabras mientras estaba colgado en la cruz, aún en su agonía, aún cuando el dolor lo consumía, tomó tiempo para regalarnos estas siete palabras.