Vuelve a casa.

volverHabía una vez una viuda, que vivía con su hijo en un miserable desván. Años atrás, la mujer se había casado en contra de la voluntad de sus padres y se marchó a vivir con su esposo en un lejano país.

Su esposo fue un hombre infiel e irresponsable y después de varios años, murió son haber hecho provisión alguna para ella y su hijo. Con gran dificultad, logró hacer frente a las necesidades básicas de la vida.

Los momentos más felices en la vida del niño, fueron cuando la madre lo tomaba en sus brazos y le contaba sobre la casa de su abuelo

La linterna.

linternaAlberto adquirió el compromiso de ser el encargado en su pueblo de pararse cada noche cerca de cruce de tren con la carretera.. y llevar con sigo una linterna de tal manera que pudiese alertar a los conductores que pasaban por alli y asi evitar un choque catastrófico.! Una noche muy oscura se percató de que el tren estaba próximo a la intersección,  se levanto de su silla, agarró su linterna y corrió tan rápido como pudo.

Al llegar a la carretera, observó un auto que se acercaba a toda velocidad, levató su mano sosteniendo fuertemante la linterna y empezó a moverla lentamente de un lado al otro,  el conductor parecía no disminuir

26 guardias bien armados.

guardiasAlguna vez has sentido la imperiosa necesidad de orar por alguien pero has decidido ponerlo en tu lista de «cosas por hacer» y te has dicho: «Oraré mas tarde». O te ha llamado alguien alguna vez y te ha dicho «Necesito que ores por mí, tengo esta necesidad «. Lee la siguiente historia que me fue enviada hace poco, la cual podría cambiar tu forma de pensar con respecto a las oraciones y la forma de orar.

Un misionero en vacaciones contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EU.: » Mientras servía como misionero en un pequeño hospital en el área rural de Africa, cada dos semanas

El árbol de manzanas.

padres1Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: «¿Vienes a jugar conmigo?» pero el muchacho contestó «Ya no soy el niño

Visitando al enfermo.

enfermoEstando un obispo de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur a bordo del vapor «New Orleans» vio una noche a un hombre ir fugitivamente a cuarto, abrir y cerrar la puerta precipitadamente, pasando algo al interior pero sin entrar. Sospechó que era un caso de fiebre amarilla y después de instar a los oficiales del buque se le informó que se trataba de un sacerdote católico que había contraído esa espantosa enfermedad.

Insistió en que se le dejara entrar al cuarto y cuando abrió la puerta, el repugnante olor del cuarto lo detuvo por un momento.

Un sobre sellado.

sobrePor un momento, vamos a imaginar que tu Papa viene a tu casa y te entrega un sobre sellado. Y te dice hijo/hija, aquí esta un regalo que te quiero dar. Es un viaje todo pagado de 3 semanas de vacaciones a Hawaii. Incluye el costo del vuelo, hotel, alimentos y para cualquier otra cosa que tu quieras o necesites e incluido mi tarjeta de oro. Hice arreglos para que una limusina para que te lleve y te recoja al aeropuerto.

No es reembolsable, no lo puedes regresar, y no es transferible así que ni pienses en devolvérmelo o dárselo a otra persona.

El hombre que no quiso morir.

cielo1Un hombre soñó que repentinamente había muerto y había sido transportado al cielo.  Estando en aquel mundo glorioso pensaba que estaba en él porque lo merecía.  De pronto alguien vino a velo, lo llevó a las almenas, y comenzó el diálogo siguiente:

–Ven. Voy a mostrarte una cosa–:  Mira allá abajo. ¿Qué ves?

–Veo un mundo muy obscuro.

–Fíjate: a ver si lo conoces.

–Por supuesto; es el mundo de donde vine.

Con su pueblo.

companiaSe dice que en una batalla que dirigía el Duquede Wellington, una parte de su ejército estaba cediendo ante el enemigo, cuando de pronto un soldado vio al Duque entre sus propios combatientes, y el soldado gritó con voz estentórea y jubilosa: «¡Aquí está el Duque! ¡Dios lo bendiga!»

Y el mismo soldado, dirigiendo la palabra a uno de sus compañeros, le gritó a éste: «¡Más me gusta ver la cara del Duque, que a toda una brigada!» Los demás soldados, al oír todo esto, volvieron sus rostros hacia el lugar donde estaba el Duque de Wellington: al verlo se reanimaron

La aguja y el alfiler.

alfilerUn alfiler y una aguja encontrándose en una cesta de labores y no teniendo nada qué hacer, empezaron a reñir, como suele suceder entre gentes ociosas, entablándose la siguiente disputa.

–¿De qué utilidad eres tú? –dijo el alfiler a la aguja–; y ¿cómo piensas pasar la vida sin cabeza?

–Y a ti –respondió la aguja en tono agudo–, ¿de qué te sirve la cabeza si no tienes ojo?.

–¿Y de qué te sirve el ojo si siempre tienes algo en él?

"Si este libro es verdad, podemos ser salvos".

bibliaOí hablar en cierta ocasión de un matrimonio que llegó a tener una Biblia. Ninguno de los dos esposos la había conocido antes. El marido empezó a leerla en su hogar.

Unos días después se dirigió a su esposa y le dijo: «Amada, si este libro es verdad, estamos equivocados». Continuó la lectura de la Biblia