El Abrazo
El abrazo es como el alma y el cuerpo. No pueden dejar de estar juntos. Cuando me abrazan soy persona. No se si te pasa lo mismo. Cuando te abrazo es como decirte que quiero estar contigo. Es lindo sentirnos juntos.
Y ese rato dura, permanece, se queda en el tiempo. Porque el tiempo no mata al amor pero es el amor el que da vida al tiempo. El abrazo viene del alma. Desde el fondo de la tierra como las raíces. Y como la semilla se abre en tronco y ramas y se hace árbol.
El abrazo no roba energías. Da fuerzas. Es la alforja compañera del amor para el camino.
Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña estaba pasando por los días más oscuros, el país tenía serias dificultades en mantener a sus hombres trabajando en las minas de carbón.
Un rey, pasaba en su carruaje por un pueblo, cuando observó una flecha disparada exactamente en el centro de un blanco, que era un círculo dibujado en el tronco de un árbol.
Dios decidió utilizar a una mujer como instrumento de su causa, ella era una mujer como cualquiera de nosotras, esposa, madre, amiga, creyente, patriota, que tomó un papel importante que trajo bendición a toda una generación completa, hemos tomado el nombre de Débora porque al querer parecernos a ella, estamos creyendo en la Palabra que si imitamos su obediencia, valor y fe, Dios hará que nuestras oraciones también traigan protección y visión a nuestras generaciones.
Oí contar esta historia en Houston (Texas) -dice el Dr. Scarborougb.
Los turcomanes, nombre dado a muchas tribus del Asia Central, son célebres por la fuerza de sus afecciones naturales. En prueba de esta aserción se cita el siguiente caso:
Cierto hombre salió una vez de viaje en avión. Era un hombre temeroso de Dios y sabía que Dios lo protegería. Durante el viaje, mientras volaban sobre el mar, uno de los dos motores falló y el piloto tuvo que hacer un amarizaje forzoso en el océano. Casi todos murieron, pero este hombre logró agarrarse a alguna cosa que lo conservó flotando sobre el agua. Estuvo mucho tiempo a la deriva y después de algunos días llegó a una isla deshabitada.
Una señorita emigró a los Estados Unidos. En su Cuba natal había sido una católica muy devota, y acostumbraba confesar sus pecados al sacerdote. En su nuevo hogar; afrontó el problema de que no podía confesar sus pecados en inglés. El problema pronto se convirtió en una crisis. Un día supo que había un sacerdote que hablaba los dos idiomas y, después de dar con él, lo convirtióen su confesor.
Carolina estaba enojada con sus dos hijos, Claudio y Lorenzo. Llamó a su madre en busca de apoyo moral y consejos. Esos chicos se portan como Daniel, el travieso, bufó. Se puso a explicar los acontecimientos del día. Los niños querían deslizarse por el piso de la cocina. Corrieron y patinaron sobre las alfombras con las pegajosas y rojas medias, haciendo un terrible desastre. Más tarde, descubrieron una lata de insecticida, siguió Carolina. Se metieron en el lavadero, se subieron a la secadora y embadurnaron las paredes con ese líquido nauseabundo.
Peggy estaba nerviosa porque se acercaba la hora de la cena en que ella y su esposo iba a ser los anfitriones. Era la primera vez que tenían invitados para cenar después del nacimiento de su hijo Pete. Para colmar la tensión Peggy, entre los invitados estaba el nuevo jefe de su esposo Bill.