Las huellas en la arena.
Una noche en mis sueños vi que con Jesús caminaba Junto a la orilla del mar bajo una luna plateada.
Soñé que veía en los cielos mi vida representada En una serie de escenas que en silencio contemplaba.
Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando. Mientras con Jesús andaba como amigos conversando.
Miré atento esas huellas reflejadas en el suelo. Pero algo extraño observé y sentí grande desconsuelo.
Observé que algunas veces al reparar en las huellas. En vez de ver los dos pares veía solo un par de ellas.
Observaba también yo que aquel solo par de huellas.
Dulce rincón
El Salmo 92 es un «Cántico para el día de reposo», un lugar de descanso para aquéllos que están atribulados.
Una historia acerca de como el burro de un niño pequeño era ordinario y de repente era extraordinario por medio de nuestro Señor Jesús.
Un hombre castigó su pequeña niña de 3 años
Recuerdo aquellos días hace mucho tiempo cuando nuestros hijos estaban aprendiendo a caminar. Primero mostraron su buena disposicion levantandose y dando uno o dos pasos vacilantes. Mi esposa y yo tendiamos nuestras manos y los alentabamos a caminar hacia nosotros. Los sosteniamos de las manos o por medio de tirantes en sus pantalones. Alababamos cada esfuerzo y alentabamos cada intento. Nunca nos desalentamos, ni nos rendimos hasta que aprendieron a caminar.
Un esposo fue a visitar a un Sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse.
Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final, solo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que no tenían mucho dinero.
Mientras estaba en Chile para una conferencia bíblica, estaba descansando en el hotel cuando se transmitió un partido de rugby en la televisión. Aunque no entiendo el rugby totalmente, lo disfruto y admiro la valentía que se requiere para jugar ese deporte tan peligroso.
Un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam, le habló a sus padres desde San Francisco: «Mamá, Papá. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor. Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.»