El predicador y el caballo.

El predicador y el caballo.

Un predicador preparaba su mensaje al aire libre, tenía que exhortar la palabra y estaba muy nervioso... como no había gente en ese lugar decidió hacerlo hablándole a un caballo. Sus palabras eran fuertes, ¡¡Arrepiéntete caballo!! le decía porque Dios te está llamando, y sólo aceptando a Jesucristo tendrás vida eterna. Continuó así por varios minutos, caballo a tí te hablo, ven hacia Jesucristo que…

Lo que no puede comprar el dinero

EL DINERO COMPRARÁ: Una cama pero no sueño Libros pero no sabiduría Comida pero no apetito Adornos pero no belleza Atención pero no amor Una casa pero no un hogar Un reloj pero no tiempo Medicina pero no salud Lujo pero no cultura Asombro pero no respeto Póliza de seguros pero no paz Diversión pero no felicidad Un crucifijo pero no un Salvador Fuente: Literatura…

La fuerza del amor

Un día en Filadelfia, el caballo de un carro asuntó y huyó. El dueño, corrió y se agarró de las riendas.

«Déjelo ir, déjelo ir», gritaba la gente, temerosa por la vida del hombre, pero el no hacía caso. cayó en tierra, fue arrastrado, se levantó y por fin, mal herido y deshecho, pudo detener al animal.

Aromas de nardo fino

¡Lo había logrado! ¡Lo tenia en su mano! ¡Que contenta estaba! ¡Tenia el frasco de perfume que tanto había soñado! Un perfume carísimo, de un alto valor económico!, lo observaba con mucho cuidado para que no se le resbale, estaba bien cerrado y lacrado, para que su fragancia se mantenga intacta y que nada de lo exterior se introduzca en el frasco y pueda cambiar su bellísimo aroma.

Entró en su casa, fue a su habitación y lo guardó entre sus cosas mas queridas, bien resguardado para que ninguna mano lo toque.

La corbata gastada.

corbataPastor:  Hoy por la mañana anduve de tienda en tienda
Caminaba y caminaba buscándote un regalito!
De una artística vitrina me gusto esta corbata…
Pedí que me la envolvieran y corrí hasta mi casa.

Le dije alegre a mi esposa:
Mujer, mira que belleza!
¿no es verdad que es muy hermosa?
Y así,  con esta corbata, yo me sentía orgulloso.

Pero, mientras me arreglaba para venir a la fiesta
Yo pensaba, recordaba y comencé a tararear
Sin  siquiera darme cuenta:
Estoy listo si el me llama… a su viña a trabajar!

Mi sustituto.

carcelCuando yo era niño e iba a la escuela, vi una escena que jamás olvidaré — un hombre amarrado a un carretón, llevado por las calles a la vista de todo el pueblo, y la espalda ensangrentada por los azotes que recibió.

Fue un castigo vergonzoso. ¿Fue por muchas ofensas? No, por una sola ofensa. ¿Acaso alguien de sus conocidos ofreció compartir los azotes con él? No, no había nadie.

El tesoro escondido.

cofreEric Lawles, de setenta años de edad y vecino de Londres, Inglaterra, armó su detector de metales. Lo probó para asegurarse que funcionaba bien y salió en busca de su martillo. Había perdido un martillo, herrumbrado y viejo, pero suyo de todos modos. Buscó en su propio patio y por los predios vecinos. En algún lado tendría que hallarse.

De pronto el detector comenzó a emitir sus señales. «Aquí debe de estar»

Se tú mismo.

agua1Una de las mejores ayudas para vencer el descontento es saber que Dios desea que tú seas tu mismo y no que trates de ser otro.

Según una antigua parábola japonesa, había un picapedrero japonés llamado Hashmu que era pobre y a veces refunfuñaba por sus tareas agotadoras. Un día, mientras estaba desmenuzando una piedra

Reunión de Satanás.

tiempoSatanás convocó una Convención mundial de demonios.

En su discurso de apertura, dijo:
“No podemos impedir que los cristianos vayan a sus templos”
“No podemos impedirles que lean sus Biblias u otros libros que les ayuden a conocer la verdad”
“Ni tampoco podemos impedirles que formen una relación íntima con su Salvador”

Él vive aquí.

Hace muchos años, cerca de la real residencia británica en la isla de Wight, habia varias casas para los pobres y los ancianos, Un misionero que un día visitaba algunos ancianos, preguntó a una mujer: ¿Os visita alguna vez la reina Victoria? Oh, sí – contestó .

Su majestad viene a menudo a vernos. Después, pensando si la mujer sería cristiana o no, el misionero preguntó: ¿Os visita alguna vez el Rey de reyes? La mujer inmediatamente sonrió y le contestó