Dios vive debajo de la cama

Mi hermano Kevin piensa que Dios vive debajo de su cama. Al menos eso es lo que le oí decir una noche. Estaba rezando en voz alta en su cuarto oscuro, y me detuve frente a su puerta cerrada a escuchar. «¿Estás ahí, Dios?» dijo. «¿Dónde estás? Ah, ya entiendo. Debajo de la cama.» Me reí en voz baja y de puntillas fui a mi cuarto.

Las perspectivas únicas de Kevin son a menudo una fuente de diversión. Pero esa noche algo más generó por largo tiempo el humor. Me di cuenta por primera vez el mundo muy diferente que vive Kevin,

Las manos del Maestro

Deseando fomentar el progreso de su hijo joven en el piano, una madre llevó al niño pequeño a un concierto de Paderewski. Después de sentarse, la madre vio a un amigo en la audiencia y caminó por el pasillo para saludarlo. Aprovechando la oportunidad de explorar las maravillas de la sala de conciertos, el niño se levantó y,se fue a  explorar a través de una puerta que decía: «PROHIBIDA LA ENTRADA».

Cuando las luces se apagaron y el concierto estaba a punto de comenzar, la madre regresó a su asiento y descubrió que su hijo había desaparecido. De repente, las cortinas se abrieron y los focos se centraron en el centro del  escenario. Horrorizada, la madre vio a su hijo sentado al piano inocentemente, tocando las «Twinkle, Twinkle Little Star». En ese momento, el gran maestro hizo su entrada, rápidamente fue al piano y susurró al oído del niño, «No pares, sigue jugando.»

Mi padre es el piloto

Cuentan que un hombre subió a un avión para viajar a Nueva York. padecía de ansiedad y le daba mucho miedo volar. Tomó varias pastillas relajantes y procuró descansar un poco. En esto un niño de unos 10 años entró buscando su asiento y se sentó justo a su lado. El niño era muy educado, lo saludó y se puso a colorear en su libro de pintar. El niño no presentó rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.

Decidir y ser constantes

En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre.

Lo principal en la vida

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá dentro le decía: “ Entra y toma todo lo que desees , pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: Después que salgas, la puerta se cerrará para siempre.

Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…”

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso el niño en el piso y empezó a juntar, todo lo que podía en su delantal.

La corbata gastada.

corbataPastor:  Hoy por la mañana anduve de tienda en tienda
Caminaba y caminaba buscándote un regalito!
De una artística vitrina me gusto esta corbata…
Pedí que me la envolvieran y corrí hasta mi casa.

Le dije alegre a mi esposa:
Mujer, mira que belleza!
¿no es verdad que es muy hermosa?
Y así,  con esta corbata, yo me sentía orgulloso.

Pero, mientras me arreglaba para venir a la fiesta
Yo pensaba, recordaba y comencé a tararear
Sin  siquiera darme cuenta:
Estoy listo si el me llama… a su viña a trabajar!

Un regalo especial.

Desde la muerte de su padre tres años antes, la familia de Roberto había luchado por subsistir. A pesar de los esfuerzos de su mamá, nunca había suficiente para todos. La pobre mujer trabajaba el turno de la noche en el hospital, pero lo poco que ganaba no le alcanzaba para más que lo estrictamente necesario.

Lo que le faltaba en lo material a la familia de Roberto

Un helado para el alma.

La semana pasada lleve a mí hijo a comer a un restaurante. Mi hijo de dos años me preguntó si podía bendecir la mesa antes de comer lo que nos habían traído.
Mientras inclinamos nuestras cabezas, y plegamos nuestras manos, mi niño dijo:

-Dios es bueno, Dios es grande. Te doy gracias por los alimentos que vamos a comer y te agradecería aún más si mamá nos da helado como postre. Y que haya libertad y justicia para todos. Amén

Sobre sus hombros.

A nuestra familia le gusta dar caminatas y en dichos trayectos hemos tenido algunas grandes aventuras juntos. Pero, cuando nuestros hijos eran pequeños, nuestro entusiasmo nos hacía caminar demasiado rápido y demasiado lejos, y, a menudo, las piernas de los pequeños se agotaban. No podían mantener el paso, a pesar de sus determinados esfuerzos y de que les asegurábamos que el final del camino se encontraba tan sólo al otro lado de la siguiente colina.

La montaña negra.

“¡Voy a irme a la Montaña Negra!”, gritó el pequeño Ricardo de cinco años.

“Muy bien, si eso es lo que quieres adelante”, le respondió su madre abriendo la puerta y acompañándolo hasta el pórtico.

Un manto de silencio cayó sobre él. Hacía rato que ya no había sol y la oscuridad de la noche cubría el paisaje. Por el resplandor de las estrellas, apenas veía la forma de la Montaña Negra en la distancia