El amor ignorado.

Un intenso frío me helaba los huesos mientras en el parque y a unos doscientos metros, que me habían sido impuestos, contemplaba los juegos y carreras de mi nieto en su colegio. Él me vio de lejos y me dirigió una mirada como perdida, aunque tuve la certeza de que me había reconocido y que mi presencia no le molestaba.

Siguió jugando y pronto sus juegos le embargaron y aunque me había visto continuó con sus amiguitos. Me quedé yo solo contemplando sus evoluciones

El Tenedor.

Había una mujer que había sido diagnosticada con una enfermedad incurable y a la que le habían dado sólo tres meses de vida. Así que empezó a poner sus cosas «en orden». Contactó a su sacerdote y lo citó en su casa para discutir algunos aspectos de su última voluntad. Le dijo qué canciones quería que se cantaran en su funeral, qué lecturas hacer y con qué traje deseaba ser enterrada.

La mujer también solicitó ser enterrada con su Biblia favorita

Un día a la vez.

Hay dos días en cada semana en los que no nos debemos preocupar. Dos días que se deben guardar libres de miedo y ansiedad.

Uno de esos días es ayer.
Ayer, con sus equivocaciones y pesares, sus faltas y confusiones, sus dolores y tristezas. Ayer ha pasado para siempre, fuera de nuestro control; y todo el dinero del mundo

Refinado como la plata.

Hace algún tiempo, algunas señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia.

Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo: «y El se sentará como un refinador y purificador de la plata”  Malaquías 3:3.

Una de las señoras propuso visitar a un platero y reportarles

Una recontrucción física, moral y espiritual.

La novia entró como todas las novias: vestida de blanco, feliz, radiante, emocionada. Ante el altar la esperaba su novio, con gran expectación, ansiedad y amor. Y los invitados, los parientes, el clérigo, todos sentían una emoción excepcional. Estas eran unas nupcias especiales.

La ceremonia transcurrió como de costumbre, aunque sí había una diferencia. El novio no pudo ponerle el anillo acostumbrado a la novia.

El capullo.

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por hacerlo mas grande para poder salir.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció

La maestra.

Cuando yo era capellán del ejercito atendí a un soldado moribundo, al cual yo conocía, y le pregunté si quería enviar a su madre algún mensaje conmigo. Me contestó:

-Sí. Por favor dígale que muero con toda felicidad.

Le pregunté otra vez si quería algo más, y me dijo:

El centavo.

Un niñito que jugaba un día con un jarrón muy valioso metió su mano dentro y no pudo sacarla. Su padre también trató lo mejor que pudo, pero en vano. Estaban pensando ya en romper el jarrón cuando el padre dijo:

-Ahora, hijo mío, tratemos una vez más. Abre tu mano y estira tus dedos como me ves, y entonces sácala.

El Paraguas.

En un pueblito de zona rural en los años 50, se produjo una larga sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos sus habitantes, debido a que subsistían con el fruto del trabajo del campo. A pesar de que la mayoría de sus habitantes eran creyentes, ante la situación límite, marcharon a ver al Ministro religioso local y le dijeron:

– «Si Dios es tan poderoso, pidámosle que envíe la lluvia necesaria para revertir esta angustiante situación.»