Tres cosas que valen la pena conocer.
Un cierto anciano se levantó una vez en una reunión y dijo «Me he pasado cuarenta y dos años para aprender tres cosas».
Escuché con gran ahínco, porque pensé que valía la pena el hallar en tres minutos lo que a otro le había costado cuarenta y dos años el poder aprenderlo.
Dijo que la primera cosa que había aprendido era, que él no podía hacer nada con respecto a su salvación. Efesios 2:8-9 «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».
Alberto adquirió el compromiso de ser el encargado en su pueblo de pararse cada noche cerca de cruce de tren con la carretera.. y llevar con sigo una linterna de tal manera que pudiese alertar a los conductores que pasaban por alli y asi evitar un choque catastrófico.! Una noche muy oscura se percató de que el tren estaba próximo a la intersección, se levanto de su silla, agarró su linterna y corrió tan rápido como pudo.
Alguna vez has sentido la imperiosa necesidad de orar por alguien pero has decidido ponerlo en tu lista de «cosas por hacer» y te has dicho: «Oraré mas tarde». O te ha llamado alguien alguna vez y te ha dicho «Necesito que ores por mí, tengo esta necesidad «. Lee la siguiente historia que me fue enviada hace poco, la cual podría cambiar tu forma de pensar con respecto a las oraciones y la forma de orar.
Por un momento, vamos a imaginar que tu Papa viene a tu casa y te entrega un sobre sellado. Y te dice hijo/hija, aquí esta un regalo que te quiero dar. Es un viaje todo pagado de 3 semanas de vacaciones a Hawaii. Incluye el costo del vuelo, hotel, alimentos y para cualquier otra cosa que tu quieras o necesites e incluido mi tarjeta de oro. Hice arreglos para que una limusina para que te lleve y te recoja al aeropuerto.
Erase una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles juntos pensando sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes. El primer arbolito miro hacia las estrellas y dijo: «Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. ¡Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!».
Martyn Lloyd-Jones relató una historia acerca de un granjero que entró en su casa un día para informar a su esposa y familia de unas buenas noticias. «La vaca acaba de dar a luz a dos becerras – una blanca y la otra roja.» Continuó diciendo, «Debemos de dedicar por lo menos una de estas becerras al Señor.
«Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin ni siquiera orar a tu «Dios». En todo el día no hiciste nada de oración; de hecho, ni recordaste bendecir tus alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti. También me agradaba la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano. Rara vez lees la Biblia y cuando lo haces estás cansado. Oras muy poco y muchas veces recitas palabras que no meditas.
Frank y Anita Milford dicen que el secreto de su amor eterno es “dar y recibir”.
Un día acudí a un curso con mi novia, nos sentamos todos en círculo, y nos pidieron a Norma y a mí que nos sentáramos juntos. La instructora dijo ‘Supongamos que Juan Pablo y Norma se acaban de casar. Ellos han construido su hogar, establecido sus normas, son felices. Con el tiempo viene el primer hijo.’ Llamaron a uno de los jóvenes y le pidieron que se sentara entre nosotros. ‘Viene entonces el segundo hijo.
Sean deportistas, cantantes o actores, los más famosos suscitan la admiración de las muchedumbres y son adulados por multitudes de entusiastas seguidores. ¡Son los ídolos de los tiempos modernos! Parecen grandes, pero sólo es una apariencia. Son como todos los seres humanos. Tienen los mismos problemas que el más común de los mortales. En general, su vida privada está lejos de ser ejemplar. Ilusionan a quienes les profesan un culto