El niño más cariñoso
Hace mucho tiempo al autor Leo Buscaglia, le pidieron que fuera parte del jurado de un particular concurso.
El fin del concurso era encontrar al niño más cariñoso y lleno de amor.
El ganador del concurso fue un pequeño de 4 años el cual era vecino de un anciano y a quien recientemente se le había muerto su esposa.
El niño, al ver al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, camino hacia donde estaba el anciano, se subió a su regazo y se sentó.
Una maestra que no quiero decir su nombre, quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito. La clase ocurrió así:
Desde que comenzamos una Nueva Vida, debemos fijar nuestra visión en las cosas que pertenecen al cielo, donde està Cristo sentado a la diestra de Dios en el lugar de Poder y Honor.
Un comerciante pudiente fue herido de gravedad en un accidente ferroviario. Su mujer, su hijo y un creyente estaban al lado de su cama. Al sentir que la muerte se acercaba, el moribundo dijo a su esposa: –Las cuentas de nuestra empresa están en orden, las facturas pagadas. No tendrás problemas; la contabilidad ha sido llevada excelente.
Un hombre soñó que repentinamente había muerto y había sido transportado al cielo. Estando en aquel mundo glorioso pensaba que estaba en él porque lo merecía. De pronto alguien vino a velo, lo llevó a las almenas, y comenzó el diálogo siguiente:
Ciertamente el cielo es un lugar real. La Biblia nos dice que el cielo es el Trono de Dios (Isaías 66:1; Hechos 7:48-49; Mateo 5:34-35). Después que Jesús resucitó y se apareció en la tierra a Sus discípulos, “…fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.” (Marcos 16:19; Hechos 7:55-56). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse
Con el dinero se puede comprar:
¿Instalara un contestador telefónico automático en el cielo?
¿Alguna vez has llegado a pensar en algún momento que el Señor vendría justo en ese instante? Muchos creyentes en Jesús están tan ansiosos por «recibir al Señor en el aire», tal y como lo ponen las Escrituras (1 Tesalonicenses 4:17), que en uno u otro momento han creído que «¡Ahora es la hora!».
Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano. Cuando llegamos a Nairobi (Kenya) nos preguntábamos cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa.Quizá arreglando tejados…, pero no teníamos experiencia en construcción.Quizá pintando un colegio… pero no sabíamos de pintura. Lo que sí teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás. Sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar