Si, No, Espera
Me parece que era ayer cuando Magali, la pequeña enferma de doce años, me decía con amargura:»No creo en Dios. Nunca me ha contestado cuando he orado. Vea, es mi tercera estadía en el hospital y no veo progresos».
Entonces traté de explicarle que Dios puede responder de tres maneras diferentes:
Naturalmente, una forma es diciendo «si», es decir, otorgando en seguida lo que pedimos. Pero también puede decir «no» por una única razón: nuestro bien, el bien de nuestro corazón. Cuando el Señor cierra una puerta, sabe lo que hay detrás. «No» es, pues, también una respuesta.
Y Dios respondió las oraciones
Hay mensajes que se esperan con expectativa. Unos, para alegrar nuestro corazón. Otros que nos despiertan inquietud y, un tercer grupo, el de aquellos mensajes que nos desencadenan zozobra. De esas misivas le llegó una a Esther Pérez. Era mediodía y su hijo llegó con la hoja de cuaderno escrita a mano. Era el listado de los útiles escolares que requerían para el período lectivo que apenas iniciaba.
–¡Santo Dios!—exclamó azarada–. Si tu padre ni siquiera ha recibido el salario y ya con este compromiso–.
Cuando Dios tarda la respuesta.
A veces Dios no concede nuestras peticiones de inmediato. Después de un tiempo empezamos a sentir lo que sintió el salmista cuando dijo: «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?»
La percepción del ser humano plantea preguntas que la mente no puede contestar. Pero eso no significa que no existan respuestas válidas.
No dejes de orar.
Roberto Matthews de Norfolk, Virginia, conducía camino al aeropuerto. Su esposa embarazada iba a tomar el vuelo que le llevaría a California para visitar a su familia antes de tener a su primer bebé.
En el camino los esposos oraron para que Dios le diera un viaje seguro a la señora.