La ofrenda

Esta es una historia real sobre un niño de nueve años que vivía en un pueblo rural en Tennessee.

Su casa estaba en una zona pobre de la comunidad. Una iglesia tenía un ministerio de autobuses y ese día fueron a su casa un sábado por la tarde. El chico vino a abrir la puerta y saludó al pastor. El pastor le preguntó si sus padres estaban en casa, y el niño le dijo que sus padres salen cada fin de semana y lo dejan en casa para cuidar de su hermanito.

Buscando en las gavetas.

abuelosDos abuelos. Cuarenta años de convivencia fecunda y fiel. Se conocían lo suficiente, como para darse todavía la sorpresa de un malentendido. Era justo lo que había sucedido esa mañana.

El abuelo era un hombre jovial y bastante espontáneo. Impetuoso en sus reacciones, solía irse de boca cuando decía sus verdades.

La abuela, en cambio, era más paciente, pero también de reacciones más lentas. Por eso, aquel cruce de palabras que la habían ofendido, la llevó a su respuesta habitual: el mutismo.

Un sobre sellado.

sobrePor un momento, vamos a imaginar que tu Papa viene a tu casa y te entrega un sobre sellado. Y te dice hijo/hija, aquí esta un regalo que te quiero dar. Es un viaje todo pagado de 3 semanas de vacaciones a Hawaii. Incluye el costo del vuelo, hotel, alimentos y para cualquier otra cosa que tu quieras o necesites e incluido mi tarjeta de oro. Hice arreglos para que una limusina para que te lleve y te recoja al aeropuerto.

No es reembolsable, no lo puedes regresar, y no es transferible así que ni pienses en devolvérmelo o dárselo a otra persona.

Un regalo especial.

Desde la muerte de su padre tres años antes, la familia de Roberto había luchado por subsistir. A pesar de los esfuerzos de su mamá, nunca había suficiente para todos. La pobre mujer trabajaba el turno de la noche en el hospital, pero lo poco que ganaba no le alcanzaba para más que lo estrictamente necesario.

Lo que le faltaba en lo material a la familia de Roberto

El valor del tiempo.

Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que perdió el año de sus estudios.
Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que dió a luz a un bebé prematuro.

Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario.

La fiesta de cumpleaños.

Jamás olvidaré el día en que mamá me obligó a ir a una fiesta de cumpleaños, cuando estaba en tercer grado. Una tarde llegué a casa con una invitación algo manchada de jalea.

– No pienso ir – dije -. Es una chica nueva que se llama Ruth. Berni y Pat no irán. Invitó a toda la clase. A los treinta y seis.

Mamá estudió con extraña tristeza esa invitación hecha a mano. De pronto anunció:
– Bueno, tú irás. Mañana iré a comprar el regalo