Cuando Dios tarda la respuesta.

A veces Dios no concede nuestras peticiones de inmediato. Después de un tiempo empezamos a sentir lo que sintió el salmista cuando dijo: «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?»

La percepción del ser humano plantea preguntas que la mente no puede contestar. Pero eso no significa que no existan respuestas válidas.

El poder de la oración.

Carmen, una joven estudiante cristiana de la universidad, estaba en casa por el verano. Fue a visitar algunos amigos en la noche y por quedarse platicando se le hizo muy tarde, y tuvo que caminar de regreso sola a su casa. No tenia miedo porque vivía en una cuidad pequeña y solo a unas cuantas cuadras de donde estaba.

Mientras caminaba a su casa, como quiera, pidió a Dios la librara de cualquier peligro. Cuando llegó al callejón que le servia como atajo para llegar mas pronto

¿Cuánto pesa tu oración?

Poco tiempo después de la Segunda Guerra Mundial una mujer entró en una tienda de alimentación y pidió suficiente comida para una cena de Navidad para sus hijos. Cuando el dueño preguntó cuánto podría pagar, ella respondió:

– Mi marido murió en la guerra. La verdad es que no tengo nada que ofrecer mas que una pequeña oración.

No dejes de orar.

Roberto Matthews de Norfolk, Virginia, conducía camino al aeropuerto. Su esposa embarazada iba a tomar el vuelo que le llevaría a California para visitar a su familia antes de tener a su primer bebé.

En el camino los esposos oraron para que Dios le diera un viaje seguro a la señora.

Jaime reportándose.

Un Pastor estaba dando un recorrido por su Iglesia al medio día, al pasar por el Altar decidió quedarse cerca para ver quien había venido a orar.

En ese momento se abrió la puerta, el Pastor frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hacia varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar.

El hombre se arrodilló, inclino la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al medio día estaba en la Iglesia

La silla del amigo.

La hija de un hombre le pidió al pastor que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el pastor llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el pastor asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.

«Supongo que me estaba esperando», le dijo. «No, ¿quién es usted?», dijo el hombre. «Soy el pastor que su hija llamo para que orase con usted, cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabia que yo estaba viniendo a verlo»