La ofrenda
Esta es una historia real sobre un niño de nueve años que vivía en un pueblo rural en Tennessee.
Su casa estaba en una zona pobre de la comunidad. Una iglesia tenía un ministerio de autobuses y ese día fueron a su casa un sábado por la tarde. El chico vino a abrir la puerta y saludó al pastor. El pastor le preguntó si sus padres estaban en casa, y el niño le dijo que sus padres salen cada fin de semana y lo dejan en casa para cuidar de su hermanito.
Una sollozante niña se detuvo cerca de una pequeña iglesia de la cual se había retirado porque estaba colmada de gente.
Después de mucho tiempo una señora volvió a ir al culto con su hijita. Por causa de su trabajo no podía asistir a los cultos matinales; por eso fue en la noche. El pastor habló en esa ocasión acerca de la negligencia de muchos en cuánto al cumplimiento de sus deberes cristianos: No leen la Biblia, descuidan la asistencia a los cultos, etcétera.
Un hombre español andaba de turista en una ciudad de Noruega. Debido a su trasfondo religioso, quiso ver la iglesia principal de la ciudad. Mirando hacia la torre, se sorprendió al ver en lo alto la figura de un cordero. Al preguntar el porqué de esa escultura, le contaron la siguiente historia.
Alguna vez has sentido la imperiosa necesidad de orar por alguien pero has decidido ponerlo en tu lista de «cosas por hacer» y te has dicho: «Oraré mas tarde». O te ha llamado alguien alguna vez y te ha dicho «Necesito que ores por mí, tengo esta necesidad «. Lee la siguiente historia que me fue enviada hace poco, la cual podría cambiar tu forma de pensar con respecto a las oraciones y la forma de orar.
Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo:
EO B. HALLIWELL y su esposa pasaron muchos años de su vida sirviendo al prójimo a lo largo del gran río Amazonas. Durante esos años de arduo trabajo les tocó vivir de cerca numerosos incidentes emocionantes. Esta es una de las historias que al pastor Halliwell más le gustaba relatar.
Le llamaremos Juan. Está despeinado, descalzo, su camisa agujereada; su pantalón anda por las mismas.
Cuentan que en una carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
En Inglaterra, cuándo los carros empezaron a ser lo suficientemente comunes para amenazar a los peatones, alguien propuso la idea de hacer áreas de cruce (cruza calles) en los cuales la gente podría cruzar de manera segura de un lado de la calle a la otra. Se pintaron rayas blancas en las calles, y se pusieron postes con rayas blancas y negras con grandes esferas anaranjadas encima para identificar estas áreas de cruce para tanto peatones y los conductores.