El mejor escondite.
Cierto día, Dios estaba cansado de las personas.
Ellas estaban siempre molestándolo, pidiéndole cosas.
Entonces dijo: «Voy a esconderme por un tiempo».
Reunió a sus consejeros y preguntó:
«¿Dónde debo esconderme?»
Algunos dijeron: «Escóndase en la cima de la montaña más alta de la tierra».
Padres buenos hay muchos;
Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón.
¿Se acuerda usted cuántos pares de zapatos ha usado durante toda su vida? ¿Cuanto tiempo le duró el último par de zapatos que compró? Seríamos mas que benditos si, usando los mismos zapatos todos Los días, su duración llegara a los tres años. Resultan asombrosos las palabras en Deuteronomio 29:5: ‘Y yo os he traído cuarenta años por el desierto: vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros
Una de las mejores ayudas para vencer el descontento es saber que Dios desea que tú seas tu mismo y no que trates de ser otro.
Dios expresa al mundo su amor de diferentes formas, todas sublimes. Una de las mas hermosas descripciones de ese amor es la parábola del hijo prodigo.
«Cuando las águilas envejecen su pico es largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho, sus alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas, volar se hace ya tan difícil que entonces el águila, tiene dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días, 5 meses.
Un famoso autor fue invitado una vez por un renombrado cirujano a contemplar una difícil operación que iba a realizar.
Liz, una bella joven colombiana de 25 años, Lic. en informática de profesión, conoció a Martín, Mexicano de 32 años. Ing. Industrial en un chat room a través de Internet. A decir de Liz, le impresionó la inteligencia, sinceridad y facilidad de palabra que Martín demostró desde su primera charla. Al principio para Liz, Martín era un Ciberamigo de quien pensó no conocería jamás por la gran distancia entre país y país, sin embargo, cuando Martín comenzó a enviarle tarjetas electrónicas y poemas
Un frío viento de marzo danzaba al final de una noche en Dallas cuando el médico entró a la pequeña habitación de hospital donde se encontraba Diana Blessing. Aún aturdido por la cirugía, su esposo David sostenía su mano mientras se daban ánimo para las últimas noticias.