El amor de Dios
¿Estás seguro? – Claro que estoy seguro
¿Piensas sacrificar todo por ellos? – Haré todo lo que sea necesario por ellos
Pero a ellos no les importa – Lo hago porque los amo
¿Crees que valga la pena? – Cada persona vale la pena
¿No te importa sufrir? – Si pudiera lo evitaría, pero mejor yo, que ellos
¿Piensa pagar el precio? – Pienso darlo todo
«Jesús dijo: Pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento». Marcos 12:44 (NVI)
Un pobre soldado pidió un manto a un agricultor, pero éste no lo quiso oír. Él siguió enfrente y se fue a otra casa que era muy humilde. Allí vivía un señor de avanzada edad, que perdió todo durante la guerra y había encontrado allí un lugar para vivir. Él no tenía nada además de las ropas del cuerpo, pero le dio su manto a este soldado que estaba sufriendo por el frío. El soldado continuó por su camino.
Un atleta participaba en una maratón, lejos de su país de origen y sin nadie de su familia que le acompañara. Estaba fatigado, sentía que sus últimas fuerzas solo le permitirían avanzar unos pasos más; de repente, escuchó varias voces que le gritaban: ¡Animo! ¡Adelante! ¡Bravo! seguido de varios aplausos.
PERMITA QUE SUS AMIGOS SEAN ELLOS MISMOS… Acéptelos como son… Esté agradecido por lo que tiene, no molesto por lo que los amigos no pueden dar… Acepte las imperfecciones de cada uno y la individualidad y no se sienta amenazado si las opiniones y los gustos de ellos difieren a veces de los suyos…
A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo. Un día, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.