Cuida tu testimonio
El semáforo se puso en amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y como era de esperar, hizo lo correcto: se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección.
La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa. Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección. y para colmo, se le cayó el celular y se le regó el maquillaje. En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el cristal del lado.
En la vida cristiana los dones espirituales son importantes y necesarios para dar a conocer que Jesucristo está con nosotros; ya que la gente ve el poder de Dios en acción. Sin embargo, el Fruto del Espíritu Santo es indispensable en la vida de cada creyente, ya que a través de él testificamos no sólo que Dios está con nosotros, sino también que Dios vive en nosotros y que somos discípulos de Jesucristo.
Como lo has podido constatar, estamos viviendo cada vez mas en medio de situaciones altamente peligrosas.
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?. Juan 4:28,29
De pie y en fila junto con su pelotón del Ejército Rojo, Taavi ya había resuelto en su mente lo que iba a decir.
En una región montañosa del Kurdistán, todavía reina la costumbre de la «venganza de la sangre». Durante una pelea, un hombre mató a otro y enseguida se fugó, persuadido de que el hijo de la víctima quería vengar a su padre.
Los cristianos a veces tenemos los sentimientos confundidos acerca de nuestros pecados. Tenemos miedo de ser dañados por nuestros pecados, y queremos ser perdonados. Pero no estamos seguros de querer librarnos de ellos ya ahora.
¿Alguna vez has llegado a pensar en algún momento que el Señor vendría justo en ese instante? Muchos creyentes en Jesús están tan ansiosos por «recibir al Señor en el aire», tal y como lo ponen las Escrituras (1 Tesalonicenses 4:17), que en uno u otro momento han creído que «¡Ahora es la hora!».
Cuando era entrenador de básquetbol de muchachas de primer año en la secundaria en el otoño de 2005, quedé sorprendido por las muchas veces que escuchaba, «¡Eso no es justo!»