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La lengua: nada mejor y peor.
Un mercader griego y rico quería dar un banquete con comidas especiales.
Llamó a su esclavo y le ordenó que fuera al mercado a comprar la mejor comida.
El esclavo volvió con un bello plato cubierto con un fino paño.
El mercader removió el paño y asustado dijo:
– ¿Lengua? ¿Es éste el plato más delicioso que encontraste?
El esclavo, sin levantar la cabeza, respondió:
– La lengua es el plato más delicioso, si señor.