Reflexiones

A cada héroe le da hipo

Recuerdo años atrás en 1967 la primera vez que vi a mi profesor de filosofía de la universidad con su ropa llena de mugre cortando su propio césped. Al momento parecía que existía un abismo tan grande entre cortar el césped y la metafísica, que sólo observé en asombro. El anterior jueves en el diario Tribune había un reportaje acerca de la conferencia de J.R.R. Tolkien en la Universidad Marquette en Milwaukee. A mi antiguo profesor de Inglés, Clyde Kilby, quien trabajó con Tolkien en el Simarillon en 1966, se le reportó habiendo dicho que Tolkien (quien escribió el espectacularmente exitoso Señor de los Anillos) “era solamente un hombre común llevando una tipo de vida muy común. El tenía todos los problemas de un ser humano normal, algo acentuados por su gran mente y alma.” Me dio hipo de leer eso. Así que me trate de imaginar a Tolkien con hipo. La mejor manera de bajar a un héroe a la tierra es imaginártelo con hipo.

Entonces, ¿Qué hacemos? ¿No tener héroes?. Esa es una conclusión muy moderna. Ambos, Ronald Reagan y Ted Kennedy se ponen sus pantalones una pierna a la vez. Conclusión: No hagas héroes de tipos comunes. Mira las telenovelas. ¿Ves algún héroe? No está de moda tener héroes. No es democrático. Los héroes implican discriminación de hecho. Tener héroes no mejora tu auto-imagen. Los héroes son proyecciones de tu propio sentido de insuficiencia. Además, no hay ningún héroe real. A todos ellos les da hipo.
Bueno, yo creo en héroes ¡Sí, Señor! De hecho, yo creo que una de las razones por las que nos contentamos con esas vidas comunes de “telenovelas” es porque no tenemos héroes. No hay ninguna foto de alguien pegada en nuestra pared para incitarnos a la grandeza. La Biblia nos enseña a tener héroes. ¿No es eso lo que significa Hebreos 11? ¡Elige a un héroe! “y considerando el resultado de su conducta, ¡imitad su fe!” (Hebreos 13:7). ¿Quién es tu héroe? Oh, cuánto necesitamos héroes que nos saquen de la inercia de lo común. Consíguete un héroe. No ser capaz de encontrar uno es admitir que la vida es insípida y siempre ha sido insípida. Pero la vida en Cristo no debe—no puede—ser insípida. ¡Mira las biografías Cristianas! Habla con Donna Rasmussen acerca de la emoción y el reto de la historia de Henrietta Mears! ¡Habla con Tom Steller acerca del libro George Whitefield de Dallimore! ¡Háblame acerca de Jonathan Edwards y C.S. Lewis y Daniel Fuller!

Tú nunca sentirás que la vida no tiene esperanza y es insípida si encuentras un gran héroe Cristiano. Por su puesto, todos ellos tienen hipo. Pero eso es parte de la emoción: ¡Son como nosotros y mira lo que Dios hizo por medio de ellos!

En búsqueda de lo mejor junto a ustedes,

Pastor John.

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