Confianza

Me hizo reír

Esa mañana se levantó como todos los días, pensó que era un día igual a los otros, pasaba su vida sin grandes novedades, sin muchas expectativas; lejos estaba ella de imaginar que ese día iba a ser muy distinto.

Las próximas horas que venían iba a cambiar completamente su vida, la vida de su querido esposo, la de su familia y la de las generaciones venideras.  Era una mujer que ya había pasado más de la mitad de su existencia, estaba entrada en años, pero aún quedaba en su figura los rastros de lo que había sido en su juventud, una mujer bellísima, su presencia hacia sobresaltar su hermosura, príncipes y reyes quedaron admirados de tanta belleza.

Se dice que estuvo entre las cinco mujeres más hermosas de esos tiempos. Tenía un esposo que la amaba mucho, cuidaba de ella, la protegía, pero a pesar de eso se había sentido una mujer frustrada, había algo en su vida que había empañado su completa felicidad y era no haber podido tener un hijo.

En el Oriente siempre se miraba la esterilidad como una calamidad y se era feliz en proporción  (así se decía) al numero de hijos que se tenía, especialmente si eran varones.  Ella era estéril y nunca pudo concebir, por más que habrá buscado por todos los medios de lograrlo.

Ya casi hasta se había olvidado que hacia mucho tiempo que Dios le había  dicho a su esposo que iba a tener un hijo en una hermosa noche estrellada el Señor le dijo que cuente las estrellas y nos parece ver a este hombre con su dedo apuntando hacia los cielos tratando de contarlas pero …..

Algo imposible, no lo pudo hacer y Dios le dijo: así va a ser tu descendencia, tan grande que no se va a poder contar.

Pero la realidad parecía ser otra, el tiempo había corrido y nada había pasado, se fueron los días, los meses, los años ya estaba pasando la vida.  Ella y su esposo ya eran viejos, los achaques se hacían sentir.  Por eso ese día pensó que sería igual a los anteriores, no tenía ni la más mínima idea de lo que iría a pasar.

Estaba atendiendo las tareas del hogar, haciendo las cosas de todos los días, cuando de pronto ve por la ventana a su marido que estaba conversando con tres personas que ella no conoce, pensó que posiblemente serian algunos mercaderes que cansados del camino se habían acercado a la casa a beber un poco de agua, de lejos podía observar que su esposo hacia ademanes como pidiéndoles que se queden a descansar, seguía ella observando muy atenta a ver que pasaba.

De pronto ve que su esposo viene hacia donde estaba ella, entra a  la casa y con mucho cariño se dirige y le pide que amase esos pancitos tan ricos y sabrosos que sabía hacer.   Mientras prepara la harina ve que el va al corral, elige el mejor becerro y lo mata, y lo pone a cocinar. Luego de unas horas cuando ya estaba todo listo y bien cocinado, su esposo busco la frondosa sombra de un árbol para comer al aire libre.

Sobre la mesa bien limpia y resplandeciente se podía ver, manteca, leche, carne y el pan que todavía humeaba, con mucho amor sus hacendosas manos lo habían  preparado

Su esposo hizo sentar a los visitantes, comenzaron a comer y a conversar, ella de adentro de la casa los miraba, y fue en ese instante cuando paradita detrás de la puerta escucho lo que estaban hablando: hablarían de las tierras? Del ganado? Del trabajo? De los pozos de agua que había que construir? No…. Nada de eso, y como toda mujer bien curiosa afinó su oído para escuchar mejor.

Uno de los personajes estaba preguntando por ella: ¿dónde está tu mujer? Está en la casa dijo él. Lo que siguió a continuación de la charla le causó risa, nunca había escuchado algo así que le causara tanta gracia, no podía creer lo que oía, estaba muy quietita para oír mejor, esta persona le estaba diciendo a su esposo que ella iba a tener un bebe, no podía parar de reírse, hacia rato que no se reía de esa manera.

Había desterrado de su mente la idea de ser mama, a la vista humana era algo imposible, tenia casi 90 años, seguía riéndose sin parar y decía: será cierto que he de dar a luz siendo una vieja? Y seguía riéndose.

Pero esta persona que hablaba con su esposo se lo decía con mucha seguridad y firmeza, ahí se acordó que Dios le dijo que iba a ser madre de multitudes, que la descendencia iba  a ser como la arena que esta en la orilla del mar, incontable!!! Pero ella se sigue riendo cuando oye: ¿Hay algo difícil para Dios? Después de ese episodio pasaron los días y los meses, hasta que un día algo esta pasando en la casa de esta mujer.

Se puede observar que hay muchas corridas, las doncellas fueron con los cantaros al pozo a buscar agua fresca y limpia, otras siervas preparan lienzos muy limpios y blancos. Se los ve a todos muy nerviosos como que algo esta por suceder.

Y allí esta su esposo mirando fijamente hacia uno de los dormitorios, cuando de pronto se oye el llanto de un bebe. Abraham corre entra en la habitación y lo que ve lo hace sonreír, es su amada Sara sosteniendo en sus brazos un hermoso bebe.
Ese era el niño prometido. Le pusieron por nombre Isaac que significa “Risa”

¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

Enviado por Mary Romero

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