Reflexiones

Quiero que me ayuden

Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa. Marcos 2:1-12

Un viejo sin hogar estaba calentándose con un bote lleno de papel encendido, la flama ya se estaba extinguiendo, por lo que el frío ya empezaba a introducirse nuevamente en sus huesos. Un hombre millonario pasaba por ahí en su automóvil, cuando giró la cabeza a su lado derecho, se percató de lo que le estaba sucediendo al viejo. En un acto de generosidad se acercó con aquel viejo y le dijo: Hombre sus días de frío se han terminado, le entregó varios fajos de billetes de mil, tome yo se que le servirán más que a mí; fácil era más de 500,000 pesos. Subiéndose de nuevo a su auto el millonario partió inmediatamente. Aquel viejo estaba muy agradecido, y dijo: Gracias a Dios ya me estaba congelando. Y desenvolvió los billetes y fue aventándolos al fuego para calentarse.

Pareciera que nadie haría lo que hizo aquel viejo, desperdiciar el dinero de esa manera tan absurda, quemándolo, mejor hubiera sido haberse comprado un pequeño departamento.

Como ese viejo, así somos, tenemos problemas de cualquier tipo, y viene Jesús y nos dice: “A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” Es decir tu problema ya esta resuelto, confía en mí dice Jesús.

No somos indiferente para con Dios, está atento de nosotros, pensamos que nos ha abandonado porque nos responde de manera diferente a la que nosotros esperamos. Los amigos del paralítico y el paralítico mismo querían que Jesús lo sanara, y eso no es lo que hizo primero Jesús. “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. ¿Qué?!!!!!!!!!! Me imagino la cara de los amigos del paralítico y del paralítico mismo.  Es muy probable que hayan pensado, no venimos a eso, Jesús no se si te has dado cuenta pero venimos a que sanaras a nuestro amigo. Quizás eso paso por la mente de estos tipos. Pero Dios tiene otras prioridades diferentes a la de nosotros. No es que no le importe lo que nosotros queremos, Dios sabe que lo urgente no siempre es lo más importante.

Confiemos en Jesús y no desechemos su ayuda, Él es Dios y sabe lo que hace. Dejémonos ayudar como Dios quiere, y veremos cosas increíbles. “de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

Enviado por Alejandro Cunillé

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