Reflexiones

Ser espiritual

Disciplinas” como el Yoga, Tantra, Budismo, Osho entre otras, han puesto de moda, la “espiritualidad”, incluso dan fórmulas para poder llegar a ser una persona mucho más “espiritual”.

Títulos como “Los diez pasos para la felicidad espiritual”, “metafísica 4 en
1” “El alquimista” y uno de los más recientes “EL secreto” Nos reclaman, a llevar una vida más “espiritual”. Pero ¿Será cierto lo que dicen estos libros? ¿Funcionan los pasos, fórmulas que nos sugieren para ser felices?

Oigan, ¿A dónde vamos si queremos pan? ¿A la tortillería o la panadería? ¿A dónde vamos si queremos aprender filosofía? ¿A la calle o a la facultad de filosofía y letras? Las respuestas son obvias. Por supuesto también que un tortillero puede aprender hacer pan.
Y en la calle podemos aprender filosofía. Pero estaremos limitados en nuestro
aprendizaje, o quizás engañados. ¿A dónde vamos si queremos ser espirituales, con las disciplinas que están de moda o con Dios mismo y su Biblia?

Hay que decidir, tener claro lo que uno quiere. “Un hombre sin propósito es como un barco sin timón.” Thomas Carlyle (historiador, crítico social y ensayista británico)

Dios nos dice: “Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge pues la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. Deuteronomio 30:19

¿Qué escoges? Si tú escoges la vida. Sólo hay de una sopa, creer en Jesús con todo tu ser; con esto me atrevo a decir que no hay muchos caminos, sólo hay uno. Si no me creen, mira lo que afirma la Biblia:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6

Si te sientes ofendido con esto, te quiero decir: No es una amenaza, es una Ley espiritual.
Cualquiera quien tenga hijos, es su obligación decirle que no meta las manos al fuego, ¿Por qué papá? Pregunta el hijo. Y el papá responde: porque si metes la mano te quemas y te dolerá mucho. El Hijo responde: porque me amenazas con quemarme. No es amenaza es una ley. Simplemente así sucede. Hijo.

Enviado por Alejandro Cunillé

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