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Reflexiones Vida Cristiana

En los brazos de Dios

No creamos que sólo cuando se es niño se puede tener el consuelo de unos brazos que nos alcen cuando nos sentimos tristes o tenemos miedo. Pensemos que aún siendo adultos, esos brazos se extienden para contenernos en los peores momentos.

Para un niño no hay consuelo mayor que los brazos de sus padres. Si se caen, se lastiman, si un juguete se rompió o alguien les dijo algo feo, si se asustaron o les duele algo, el mejor lugar, el más cálido, son los brazos de papá o mamá.

Parecería ser que hacerle upa a un hijo fuera un acto mágico. Casi instantáneamente desaparecen el dolor, la angustia, el miedo y si no se van del todo, se atenúan y mucho.
Este es alguno de los tantos beneficios de ser niño, ante una dificultad, el consuelo llega rápido, siempre están extendidos los brazos de nuestros padres, dispuestos a hacernos ese “upa” mágico que parecería que, más que elevarnos del suelo, nos llevase hacia otra dimensión, suave, tierna, donde nada duele ni asusta demasiado.

No hay dolor para un niño que no se calme estando en brazos de sus papás.

¿Pero qué ocurre cuando crecemos?

Cuando  somos adultos todo cambia. No es que cuando tengamos  dolor,  pena, miedo, no haya consuelo, no es así, pero ya nadie nos hace upa. Y claro, “estamos grandes para eso”. Nuestros cuerpos pesan mucho y nuestros padres, si bien mantienen intacto su amor hacia nosotros, han perdido la fuerza, la rapidez, el reflejo para extender esos brazos sanadores. Nosotros ya estamos grandes en tamaño y nuestros padres, grandes en edad. Incluso, algunos ya no están con nosotros y nos cuidan desde otro lugar.
Pero el hecho de crecer y convertirse en adulto no nos exime de los dolores, angustias y miedos, muy por el contrario. ¿Qué hacemos entonces cuando nos sentimos mal, tristes, angustiados, temerosos?

Cuando realmente el dolor o el miedo es grande, no se por qué razón, uno se siente chiquito, muy chiquito e indefenso ante el peligro que asecha, sea una enfermedad, la muerte, la falta de amor, el abandono, etc. Es como si ante las situaciones límites nuestro cuerpo se mantuviera  intacto por fuera, pero nuestro corazón se hiciera pequeño y pidiera a gritos que nos alcen a upa. En el dolor más profundo uno se siente indefenso.
En esos momentos, siempre hay alguien o algo que nos consuela, familia, hermanos, abrazos, manos apretadas, caricias, y no es que todo esto no sirva, todo lo  contrario, pero aún así, uno está solo en su dolor y en apariencia nadie “nos alza en brazos”. El grito ahogado del corazón chiquito, sufriente y abatido se hace sentir con una fuerza inaudible, que sólo Dios puede percibir.

Es allí, en el peor de los momentos, en que sí nos hacen upa. Si nos abandonamos  (en el mejor de los sentidos) en Dios, sí dejamos que él nos acompañe y le contamos nuestra angustia, miedo o dolor con humildad, con la sencillez e inocencia de la niñez, Dios, nuestro Padre, no hace upa. Grande como somos, pesados, arrugados, no importa. Dios rescata a su hijo. Sabe que sus brazos son el mejor de los consuelos y nos alza, y en esa dimensión y a pesar del dolor, llega la paz, la confianza absoluta de que todo está en sus buenas y poderosas manos.

Allí y sólo allí nace la paz. En sus brazos, todo se siente mejor, el miedo se atenúa, el dolor mengua, la esperanza crece y la confianza nos domina.

Como antes, como cuando éramos chiquitos, Papá nos está haciendo upa, nos está alzando en brazos.
Sólo se trata de confiar, de tener fe, de amar a Dios como lo que es, nuestro padre, y pedirle humildemente ayuda, descargar en él nuestro pesar, y pedirle en el más amoroso de los sentidos que nos alce a upa.
Sentiremos como sus brazos nos toman y consuelan, como lo que parecía insostenible se puede tolerar, como se puede mantener la calma en  medio del dolor y ¿por qué no?, esbozar un pequeñita sonrisa, como ésas que hacen los niños cuando están en el lugar donde se sienten más seguros, los brazos de sus papás.

Dejémonos alzar por ese Dios papá que nunca abandona y que tiene, no sólo en su regazo, el amor más grande y sublime para brindarnos.

Fuente: www.encuentos.com

2 Comments

  • El amor de Dios es Algo marabilloso y Muy Especial, que nadie puede dartelo,
    Cuando se es grande y te enfrentas a las dificultades llega un momento cuando sientes que ya no puedes continuar, pero es ahi donde encotramos los brazos de Dios acariciando nuestro pequeo corazon, DIOS ES ESPECIAL…..

  • DIOS a sido la fortalesa en mi vida a sanado mi corazon yo quede viuda con 4 hijos ase apenas 25 dias es algo bien doloroso cuando la relacion con tu pareja es maravillosa y plena los 2 somos cristianos de asamblea de DIOS era muy joven tenia 35 y yo tengo 28 creo q en este momento me siento q estoy parada en el fuego de DIOS me esta moldiando para servir en su obra su proposito es perfecto y se q el siempre tiene el control de todas las cosas no se q seria de mi si mi SEÑOR JESUS no estubiera conmigo pero mi consuelo es q el esta con mi SEÑOR JESUS esperando el toque de la trompeta y levantarce cuando el REY decienda de su trono y vaje en la nube por su pueblo y los muertos en CRISTO resucitaran, Aleluya y yo creo q yo le vere y lo abrazare y por la eternidad alavaremos al REY DE GLORIA q DIOS los bendiga a todos los hermanos q leen esta pagina y les pido orar por mi y mis hijos.DIOS LOS BENDIGA Y LOS GUARDE.