Un hombre soñó que repentinamente había muerto y había sido transportado al cielo. Estando en aquel mundo glorioso pensaba que estaba en él porque lo merecía. De pronto alguien vino a velo, lo llevó a las almenas, y comenzó el diálogo siguiente:
–Ven. Voy a mostrarte una cosa–: Mira allá abajo. ¿Qué ves?
–Veo un mundo muy obscuro.
–Fíjate: a ver si lo conoces.
–Por supuesto; es el mundo de donde vine.
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