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	<title>Reflexiones Cristianas - Pensamientos - Amor - Amistad - Paciencia &#187; Perdón</title>
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		<title>Las cintas en el manzano</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 05:03:04 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Con la apariencia de preocupado un joven viajaba en tren. Había estado en la cárcel y ahora iba de camino a su casa. Su condena había traído vergüenza a su familia; nunca lo habían visitado y solo unas pocas veces le habían escrito, aún así él esperaba que lo hubieran perdonado. Para aliviarle la cosa, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-2311" title="cintas" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2011/10/cintas-e1318894265403.jpg" alt="" width="250" height="187" />Con la apariencia de preocupado un joven viajaba en tren. Había estado en la cárcel y ahora iba de camino a su casa. Su condena había traído vergüenza a su familia; nunca lo habían visitado y solo unas pocas veces le habían escrito, aún así él esperaba que lo hubieran perdonado.</p>
<p>Para aliviarle la cosa, les propuso en una carta que pusieran una señal, la cual pudiera ver desde el tren al pasar por la pequeña casita, esto, para saber como se sentían con él.<span id="more-2310"></span><br />
Si le habían perdonado, tenían que poner una cinta blanca en el manzano de la casa.En el caso de que no lo quisieran tener de nuevo en su casa, no deberían hacer nada. Entonces él se quedaría en tren y seguiría.</p>
<p>Cuando el tren se acercaba a su ciudad paterna, se puso tan nervioso que no se animaba a mirar por la ventana. El pasajero del lado conociendo su drama, miró por él. Poco tiempo después él puso su mano sobre el brazo del joven y le susurró con lágrimas en los ojos:&#8221;Allí está el manzano, todo está en orden. Todo el manzano está lleno de cintas blancas&#8221;.</p>
<p>En ese mismo instante desapareció toda la amargura que estaba envenenando al joven. Más tarde el acompañante comentaba:&#8221;Sentía como si hubiera presenciado un milagro&#8221;. Y quizás, en verdad, era un milagro.</p>
<p>Así tu perdón puede dar a la persona que lo necesita, una nueva vida. También puede ser que el perdón de otra persona hacia tí, sea la clave para una nueva vida. Por eso Jesús muchas veces hablaba del perdón. He aquí algunas de las palabras de Jesús sobre el tema: &#8220;<em>Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial, más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas&#8221;</em>. <strong>Mateo 6:14-15</strong></p>
<p><strong>Tomado de El Mensajero</strong></p>
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		<title>¡No merezco la torta!</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 05:01:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida Cristiana]]></category>
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		<description><![CDATA[Cierto pastor había visitado muchas veces a una señora y le había hablado acerca de aceptar la salvación de su alma. Las respuestas eran las siguientes: &#8220;Pastor, voy a pensar en esto&#8221;, o:&#8221;Yo no merezco esta salvación&#8221;. Al final dijo:&#8221;Yo voy a esforzarme para poder merecer esta tan grande salvación&#8221;. Para sorpresa del pastor, ella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-2282" title="torta" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2011/09/torta-e1316564292829.jpg" alt="" width="250" height="187" />Cierto pastor había visitado muchas veces a una señora y le había hablado acerca de aceptar la salvación de su alma. Las respuestas eran las siguientes: &#8220;Pastor, voy a pensar en esto&#8221;, o:&#8221;Yo no merezco esta salvación&#8221;. Al final dijo:&#8221;Yo voy a esforzarme para poder merecer esta tan grande salvación&#8221;.</p>
<p>Para sorpresa del pastor, ella le invitó un día a tomar café y comer una rica torta. Cuando el pastor llegó, la mesa estaba preparada y la torta bien adornada en el centro de todo.<span id="more-2281"></span></p>
<p>Ambos se sentaron a la mesa, pero ahora aconteció algo que la señora no esperaba. El pastor no se sirvió. Ella insistió para que el pastor colocara un pedazo de torta en su plato, pero éste dijo:</p>
<p>&#8220;Mi señora yo voy a pensar en esto&#8221;. Después de un tiempo dijo: &#8220;Yo no merezco la torta&#8221;. Y aún: &#8220;Yo me voy a esforzar para merecer la torta&#8221;.</p>
<p>&#8220;Pero usted sólo necesita comer, fue hecha especialmente para usted&#8221;, dijo la dueña de casa ya nerviosa y afligida.</p>
<p>A esto, el pastor le respondió:</p>
<p>&#8220;Usted está sorprendida con mi actitud al no aceptar su lindo regalo, pero está haciendo lo mismo con Dios. Todo está preparado. Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz y resucitó para nuestra salvación. Esta salvación es completamente gratuita y Dios espera que nosotros la aceptemos, sin primero pensar en esto, sin merecer esto, sin esforzarnos para merecerla; nuestra parte es aceptarla por la fe y agradecer a Dios por la misma&#8221;.</p>
<p>Aquella señora comprendió lo que oyó y recibió a Jesucristo como su Salvador y Señor. ¿Y usted, amado lector? Reciba hoy de gracia: vida, paz, salvación, liberación de sus vicios y pecados por medio de Jesucristo.</p>
<p><strong>Tomado de &#8220;El Mensajero&#8221;</strong></p>
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		<title>El mejor pegamento del mundo</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 15:49:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perdón]]></category>
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		<description><![CDATA[Se cuenta la historia de una señora que leyó en una revista el anuncio del mejor pegamento que jamás había salido al mercado. Al parecer dicho pegamento tenía todas las propiedades para arreglar cualquier cosa que estuviera rota. Emocionada por la noticia la dama solicitó la muestra gratis que se ofrecía con la idea de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-2238" title="pegamento" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2011/08/pegamento.jpg" alt="" width="121" height="161" />Se cuenta la historia de una señora que leyó en una revista el anuncio del mejor pegamento que jamás había salido al mercado. Al parecer dicho pegamento tenía todas las propiedades para arreglar cualquier cosa que estuviera rota. Emocionada por la noticia la dama solicitó la muestra gratis que se ofrecía con la idea de probar el pegamento y luego adquirir algunas botellas del mismo.</p>
<p>Varios días más tarde llegó a vuelta de correo un sobre en el cual se encontraba la muestra solicitada. Cuando la dama lo abrió una expresión de sorpresa se dibujó en su rostro.<span id="more-2237"></span> Ella esperaba encontrar un tubo con la pega, pero en su lugar había una tarjeta con un dibujo de un corazón roto y la siguiente leyenda: “El mejor pegamento para unir cualquier cosa rota es el <strong>PERDÓN”.</strong></p>
<p>Aunque la dama de nuestra historia se sintió chasqueada, el mensaje que contenía la tarjeta representa una de las más grandes verdades que se pueden expresar en lo que a relaciones humanas respecta. Todos de una forma u otra ofendemos y decimos o hacemos cosas que causan dolor, irritación e incomodidad a otros. En el círculo familiar es posiblemente el lugar donde con más frecuencia suceden estos inconvenientes porque en casa damos rienda suelta a nuestros sentimientos muchas veces sin importarnos lo que con ello podamos ocasionar a los que viven junto a nosotros.</p>
<p>Herir y ofender con nuestras palabras o acciones es parte de la naturaleza pecaminosa de los seres humanos. Nadie es tan bueno como para que no haya explotado ante circunstancias tales como una camisa mal planchada, un juguete dejado fuera de lugar, la falta de colaboración con las tareas del hogar, la mentira que descubrimos, o el engaño ante determinadas circunstancias. Hay situaciones en la vida familiar cuando aún sin proponerlo nos hacemos daño porque decimos o hacemos algo que fue inapropiado y con ello causamos dolor y sufrimiento a los seres que amamos. En tales circunstancias resulta difícil entender el amor, porque siempre esperamos recibir cariño y compresión, y éstos están ausentes cuando surgen las ofensas.</p>
<p>Qué lindo sería vivir en un hogar donde se respire un clima de paz y armonía. Un hogar donde sus miembros disfruten de la convivencia familiar en un ambiente de tranquilidad libre de pleitos y contiendas. Sin embargo lo más frecuente es encontrar hogares donde las palabras de reclamo, reproches y regaños son la nota tónica. Sus miembros son agresivos, desconfiados y mal humorados. Es allí donde se necesita una doble porción del “mejor pegamento que une a la familia”; el perdón. Para muchas personas la palabra perdón representa algo muy difícil de entender y aceptar. Están tan maltrechas y dañadas emocionalmente que no pueden concebir el perdón, ni tampoco otorgarlo a quienes lo requieren. Alguien ha dicho que el perdón es lo que calienta un corazón y suaviza las heridas. Cuando los miembros de la familia practican el perdón unos con otros reciben sanidad emocional, porque la suave corriente del perdón enternece el corazón y fortalece los lazos del amor conyugal y familiar.</p>
<p>Existen tres tipos de reacciones naturales en las personas hacia el perdón. La primera es la reacción de la persona que dice: “te perdono, pero no lo olvido”. La segunda es la de la persona que dice: “te perdono lo que me hiciste, pero me las vas a pagar”, y la tercera es la de quien ante una ofensa dice: “olvidemos todo y comencemos de nuevo”. Notemos que para que el perdón sea absoluto y verdadero se requiere que la persona ofendida imparta el perdón a su agresor aunque éste no lo merezca, pero que olvide la falta.</p>
<p>Perdón sin olvido, no es verdadero perdón. En el segundo caso quien espera una revancha o momento para desquitarse por lo que le hicieron tampoco sabe perdonar. La mejor actitud ante una situación de ofensa es olvidar lo sucedido y mirar hacia el futuro como una nueva oportunidad para reparar lo que se pudo haber dañado con la ofensa. Posiblemente para usted, esto no resulte tan fácil de practicar, pero le aseguro que es la mejor opción porque contiene los elementos que Dios usa para impartirnos su perdón. Cuando ofendemos a Dios, y eso sucede con mucha frecuencia, él nos perdona y olvida nuestras faltas. La Biblia dice “perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré de su pecado”. <strong>(Jeremías 31:34) </strong>El perdón que Dios nos ofrece es tan absoluto y no trae a la memoria las cosas pasadas (Isaías 43:18). Esa es la clase de perdón que debemos pedirle a Dios que coloque en nuestro corazón para que podamos tratar a cada persona y en especial a los miembros de nuestra familia.</p>
<p>Un paso muy importante en el proceso del perdón es reconocer nuestras faltas. Cuando admitimos que hemos dicho o actuado en forma incorrecto debemos tener la valentía de ir en busca de la persona a la cual ofendimos y reconocer que actuamos mal. Esto tampoco es fácil de lograr porque la mayoría de los casos lo que hacemos es tratar de justificar nuestra mala acción o simplemente culpar a otros por lo que hicimos. La persona que ofende y es capaz de reconocer su falta está dando los pasos necesarios para lograr la reconciliación que viene como producto del perdón. Nada puede resultar más impactante para un cónyuge que ha sido ofendido que el ver a su ofensor reconociendo su falta y dispuesto a solicitar perdón en nombre del amor que se profesan.</p>
<p>Un matrimonio que enfrentaban muchos problemas decidió colocar una cajita en un lugar estratégico de la casa para ir depositando papelitos en los cuales anotarían todas las cosas que les ofendían o molestaban el uno del otro. Al finalizar la primera semana ambos se sentaron para abrir la cajita y leer las quejas. La esposa tomó la iniciativa y comenzó a leer: “dejaste los zapatos fuera de lugar”, “me gritaste porque no encontrabas tu maletín”, “regañaste a los niños con ira”. De pronto hubo un silencio y los ojos de la esposa se llenaron de lágrimas mientras abría varios de los papelitos de la caja.</p>
<p>El esposo con la cabeza baja esperaba pacientemente alguna reacción de parte de ella. Fue cuando el silencio fue interrumpido por los sollozos de la esposa cuando dijo: “Perdóname tú también a mí”. El esposo había escrito en varios papelitos: “Te amo, perdóname por lo que te hice”. Ciertamente necesitamos comprar para nuestro hogar grandes cantidades del mejor pegamento que une la familia; el perdón y tendremos familias más felices.</p>
<p>Fuente: Arcoiris Guatemala</p>
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		<title>¿Soy Fariseo?</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Jan 2011 05:53:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="size-full wp-image-1942 alignleft" title="fariseo" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2011/01/fariseo.jpg" alt="" width="160" height="151" />Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. <span id="more-1940"></span>Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.</em> <em><strong>Marcos 3:1-6</strong></em></p>
<p>La Iglesia, cuando esta reunida, debería ser una especie de puerto seguro, un lugar donde las personas se sientan cómodas, que se sientan como en casa. No podemos negar que dentro de la Iglesia  puede haber rencillas como cualquier familia, pero el final deberían ser pasajeras. Este es el plan de Dios para la Iglesia, un lugar donde pudiéramos probar un pedacito de cielo, un lugar donde nos sintamos como en casa.</p>
<p>Desafortunadamente esto no es así, al igual que los fariseos, nos hemos enfrascado en normas o prejuicios. En este caso leemos que el problema es el día del sábado, y pensamos: “Que absurdo pensar como los fariseos”.  Creo que dentro de la Iglesia sucede lo mismo hoy en día, al igual que los fariseos esperamos con ansias que fallen las personas, “a fin de acusarles”. Es una especie de gusto malformado creado por el orgullo. “Ya viste a tal persona lo que hizo” “Ya viste a fulanito lo que esta haciendo”. AL igual que los fariseos estamos a la espera como perros cazadores tras su presa, para poder señalar “a fin de poderle acusar”.</p>
<p>Siempre que leo esta historia me gustaría comportarme como lo hace Jesús, al no poder aspiro por lo menos al hombre de la mano seca. Me veo reflejado con mi montón de problemas y defectos, y la gente viéndome feo por lo mismo. Por mis defectos. Esa mano seca representa cualquier defecto, ya sean drogas, alcoholismo, abortos, mentiras, orgullo, pereza, etc. Ese soy yo, o quizás tu. Ahí esta Jesús defendiéndome, defendiéndote.</p>
<p>Desafortunadamente, no somos ni Jesús ni la victima de la mano seca. Nos comportamos como los fariseos, acusando a diestra y siniestra. ¿Es lícito hacer el bien o el mal; salvar la vida o quitarla? Eso nos pregunta Jesús, todos los días, y más cuando estamos en reunidos con la Iglesia.</p>
<p>Hoy se nos ofrece la misma oportunidad que a los fariseos, se nos hace el mismo desafió dar vida o destruir, hacer el bien o hacer el mal, ayudar o criticar, ser fariseo o no. Todos hemos hecho algo de lo cual estamos arrepentidos, si ya fuimos perdonados por Dios, ¿por qué no ofrecerles ese mismo perdón a otros?</p>
<p>Los fariseos tomaron su decisión prefirieron destruir. ¿y tú?  “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.”<br />
<strong><br />
Enviado por Alejandro Cunillé</strong></p>
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		<title>Una noche de lectura</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 14:41:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Creyente]]></category>
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		<description><![CDATA[-Quédense con su vieja Biblia. No la necesito, ¡yo soy mi propio dios!Así fueron recibidos en una cárcel dos visitantes que quisieron ofrecer un Nuevo Testamento a un preso llamado José. Cuando volvieron una semana después, José acudió, tendiéndoles los brazos y exclamando:¡Ahora pueden llamarme hermano! Rehusé el Nuevo Testamento que ustedes querían darme, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1548 alignleft" title="leer_biblia" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2010/03/leer_biblia-e1268232057942.jpg" alt="" width="175" height="136" />-Quédense con su vieja Biblia. No la necesito, ¡yo soy mi propio dios!Así fueron recibidos en una cárcel dos visitantes que quisieron ofrecer un Nuevo Testamento a un preso llamado José.</p>
<p>Cuando volvieron una semana después, José acudió, tendiéndoles los brazos y exclamando:¡Ahora pueden llamarme hermano! Rehusé el Nuevo Testamento que ustedes querían darme, pero otro detenido lo aceptó.</p>
<p>Al volver a nuestra celda, mi compañero me pidió que le leyera en voz alta lo que estaba escrito en ese pequeño libro, ya que él no sabía leer.<span id="more-1547"></span> Esto me molestó muchísimo, pero lo hice. Después de un rato constaté que mi oyente estaba durmiendo&#8230;No puedo explicarles por qué, pero seguí mi lectura toda la noche.</p>
<p>Entonces Dios comenzó a hablar a mi corazón, comprendí que debía pedirle perdón por mis actos criminales y entregarle mi vida al Señor Jesucristo. ¡Y fue lo que hice!</p>
<p>José ya salió de la cárcel, verdaderamente librado del peso de su pasado. Hoy es un creyente comprometido que sirve al Señor junto con otros cristianos en Argentina.</p>
<p><strong>www.poderypaz.com</strong></p>
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		<title>¿Arrojas piedras o das otra oportunidad?</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 03:10:39 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Devocionales]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Ella dijo: «Ninguno, Señor». Entonces Jesús le dijo: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más». Juan 8:11 A mí me fallan una vez y ahí termina todo». Así se expresaba una dama hablando de la posibilidad de que algún día su esposo le fallara. Ese espíritu de no dar una segunda oportunidad al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="size-full wp-image-1449 alignleft" title="jesus-perdon" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2010/01/jesus-perdon-e1264793148811.jpeg" alt="" width="150" height="201" />Ella dijo: «Ninguno, Señor». Entonces Jesús le dijo: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más».</em><strong><em> </em>Juan 8:11</strong></p>
<p>A mí me fallan una vez y ahí termina todo». Así se expresaba una dama hablando de la posibilidad de que algún día su esposo le fallara. Ese espíritu de no dar una segunda oportunidad al que comete un error prevalece entre esposos, amigos, miembros de iglesia e instituciones. El lema es: «Si fallaste, no esperes más». Es un consuelo pensar que Dios no es así. Dios es el Dios de la segunda oportunidad.</p>
<p>Dios demostró en la cruz del Calvario el amor verdadero, que alcanza a quienes ya agotaron toda oportunidad y toda paciencia humana.<span id="more-1347"></span> El drama de la mujer sorprendida en adulterio nos enseña una gran lección. ¿Cuál habría sido tu reacción ante la petición de aquellos celosos guardianes del “Manual de la Iglesia” de la época y de las normas morales establecidas? Jesús reaccionó con amor. Amor, no solo para la acusada, sino para los acusadores. Sabemos lo que hizo; los convenció de sus propios pecados para que meditaran.<br />
Los escribió en el polvo y solo ellos pudieron entenderlo. Inmediatamente expresó un principio básico que debe llamarnos a la reflexión, especialmente cuando nos convertimos en jueces de los que han cometido un error: «El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra» (Juan 8: 7).</p>
<p>Deberíamos tener cuidado, porque hay un principio psicológico bien establecido: «Solo notamos en los demás los errores que nosotros mismos cometemos». Por eso dijo el Señor que cuando juzgamos y condenamos a los demás, nos juzgamos y nos condenamos a nosotros mismos (Rom. 2: 1). No ignoremos esta terrible verdad. Las personas más críticas y que con más saña juzgan a los demás son las que, generalmente,son culpables de los mismos pecados que el acusado.</p>
<p>El hermano del hijo pródigo, que se incomodó porque a este se le dio una segunda oportunidad, hacía las mismas cosas que él. La diferencia es que las hacía dentro de la casa.</p>
<p>Ninguno de los acusadores de la mujer pudo hacer alarde de una vida sin pecado, por lo cual desaparecieron todos inmediatamente. Solamente quedó el único que podía lanzar la primera piedra, Jesús. Pero él rehusó condenar a la pecadora.<br />
El ministerio de Jesús será siempre el de la segunda, la tercera, la enésima oportunidad. Su política es dar todas las oportunidades que sean necesarias.</p>
<p>No conserva una lista de errores. Su gran deseo es dar una segunda oportunidad para hacer lo recto a todo aquel que lo necesite y desee comenzar de nuevo. Concede hoy una segunda oportunidad a todos los que lo necesiten y lo pidan.</p>
<p><strong>Fuente: red-cristiana.blogspot.com</strong></p>
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		<title>Perdónate a tí mismo</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 03:18:07 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Salmista]]></category>

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		<description><![CDATA[Una señorita emigró a los Estados Unidos. En su Cuba natal había sido una católica muy devota, y acostumbraba confesar sus pecados al sacerdote. En su nuevo hogar; afrontó el problema de que no podía confesar sus pecados en inglés. El problema pronto se convirtió en una crisis. Un día supo que había un sacerdote [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1399 alignleft" title="MIRAR-CIELO" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2010/01/MIRAR-CIELO-e1263352672339.jpg" alt="" width="200" height="150" />Una señorita emigró a los Estados Unidos. En su Cuba natal había sido una católica muy devota, y acostumbraba confesar sus pecados al sacerdote. En su nuevo hogar; afrontó el problema de que no podía confesar sus pecados en inglés. El problema pronto se convirtió en una crisis. Un día supo que había un sacerdote que hablaba los dos idiomas y, después de dar con él, lo convirtióen su confesor.</p>
<p>Pero un día se encontró con la noticia de que su confesor había sido transferido a otra parroquia y el problema se presentó de nuevo. No tenía a quién confesarle sus pecados. <span id="more-1398"></span>La crisis la llevó a la necesidad de confesar sus pecados en inglés, idioma que todavía no dominaba. Nuestra heroína pidió a una amiga bilingüe que tuviera la bondad de ayudarla a traducir sus pecados para poder confesarse.</p>
<p>Ella practicó una y otra vez la frase -Perdóneme, padre; he pecado-, y finalmente llegó al confesionario. Después de pronunciar la frase -Perdóneme, padre; he pecado-, sacó su lista donde tenía sus pecados traducidos al inglés. Pero descubrió que el confesionario estaba muy oscuro y que no podía leer la lista. Intentó una y otra vez leer la lista, pero no pudo hacerlo, y al fin se dio por vencida. Salió del confesionario llorando. Un sacristán que la vio llorando la escuchó decir en un susurro: -No puedo ver mis pecados-.</p>
<p>Aquella fue una declaración muy profunda. Y tú, ¿puedes ver tus pecados? Es decir, ¿no puedes verlos porque los reconoces y los confiesas? ¿No puedes verlos porque Dios ya los ha echado a lo profundo del mar y ahora están tan lejos de ti como lo está el oriente del occidente-, como dice el salmista? ¿0 no puedes verlos porque no los reconoces ni aceptas tu culpabilidad ante Dios?<br />
Nuestro tema de hoy nos asegura que si confesamos, recibiremos el perdón. Es una de las afirmaciones más claras de la Biblia: -Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.</p>
<p>¡Qué maravillosa seguridad! Deberíamos aceptar eso con todo nuestro corazón. Lamentablemente, muchas veces seguimos sintiéndonos culpables de los pecados que hace tiempo confesamos. Creemos que Dios nos perdona, pero nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Es como si creyésemos que es nuestra obligación sufrir, pagar algo, hacer expiación. A veces confundimos los problemas que vienen como resultado del pecado con algún tipo de castigo por el pecado, y, si sufrimos ese “castigo”, nos sentimos “perdonados”. Dejemos toda duda y aceptemos hoy el perdón divino.</p>
<p><strong>Fuente: reflexiones-cristianas.org</strong></p>
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		<title>Cuanto daño hace no perdonar</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2009 03:57:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perdón]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Alma]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritual]]></category>
		<category><![CDATA[Resentimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Venganza]]></category>

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		<description><![CDATA[El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1323 alignleft" title="perdonar" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2009/11/perdonar.jpg" alt="perdonar" width="150" height="201" />El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.</p>
<p>El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa con papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.<span id="more-1322"></span></p>
<p>Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando le daba mucha importancia a las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma.</p>
<p>La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.</p>
<p>El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.</p>
<p>Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora; dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos estancamos en nuestro crecimiento espiritual.</p>
<p>La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida. Las siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si necesitas perdonar a alguien:</p>
<p>¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?<br />
¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?<br />
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?<br />
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?<br />
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?<br />
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?<br />
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?<br />
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?<br />
¿Encuentras difícil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha<br />
ofendido?</p>
<p>Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.</p>
<p>Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.<br />
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.<br />
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.<br />
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.<br />
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.<br />
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.</p>
<p>&#8220;Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas&#8221; 2 Corintios 2: 5-11.</p>
<p>Fuente: Red-cristiana-blogspot.com</p>
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		<title>Pequé: ¿Será que Dios me perdona?</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 21:13:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Error]]></category>
		<category><![CDATA[Pecados]]></category>
		<category><![CDATA[Perdón]]></category>

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		<description><![CDATA[Isaías 43: 25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Es increíble, pero cierto, hay personas que luego de haberse rendido a Jesús y pedido por el perdón de sus pecados, aun tienen dudas si realmente Dios los perdono o no. Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="size-full wp-image-1292 alignleft" title="equivocado" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2009/10/equivocado.jpg" alt="equivocado" width="126" height="126" />Isaías 43: 25</strong><em> “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Es increíble, pero cierto, hay personas que luego de haberse rendido a Jesús y pedido por el perdón de sus pecados, aun tienen dudas si realmente Dios los perdono o no.<br />
</em><br />
Y es entendible desde el punto de vista humano, ya que para nuestra mente humana es difícil asimilar un perdón <strong>TOTAL</strong>, ese que no tiene “peros” ni “condiciones”, ese perdón que nada mas puede nacer de un ser divino como nuestro Dios.</p>
<p>Y el problema más que todo se da, luego de comenzar tu caminar con el Señor. Tu vida ahora es diferente porque caminas con Dios, las cosas las vez de diferente manera y ahora hay un sentido para tu vida.<span id="more-1291"></span> Pero de pronto sin tenerlo en cuenta o en ocasiones hasta meditado, aparece Don Pecado, ese que nos quiere hacer sentir la peor basura sobre la faz de la tierra y por cosas de la vida, terminas cayendo en sus garras.</p>
<p>Luego de saborear ese pecado, te das cuenta que ya no tiene el mismo gusto que antes, el sabor se a perdido y es porque ahora el Espíritu Santo mora en ti y te redarguye, es allí en donde recures con lagrimas en tus ojos delante de tu Padre Celestial y le pides que te perdone, pero a la vez nace la peor interrogante que puede nacer en ese momento, el tan famoso: “¿Y será que Dios me va a perdonar?”.</p>
<p>¿Quién te ha dicho que Dios no perdona?, ¿Acaso Dios es un tirano?, ó ¿Acaso es humano como nosotros?, definitivamente el <strong>PERDÓN</strong> de Dios va mas allá de lo que nuestra mente humana puede interpretar, y es porque su <strong>PERDÓN ES TOTAL</strong>.</p>
<p>El versículo que acabamos de leer nos enseña la forma en que Dios perdona, el dice que borra nuestras rebeliones por amor a si mismo y la sella con una frase linda y llena de amor: “y no me acordaré de tus pecados”.</p>
<p>Que lindo es saber que Dios nos dice: “no me acordare de tus pecados”, y es que cuando de un corazón sincero nace un arrepentimiento genuino eso se traduce en un perdón Divino que es igual a <strong>OLVIDAR TODO</strong>. Dios no te reprochara nada, El jamás te sacara en cara los pecados que ya te perdono. En pocas palabras Dios te <strong>PERDONA</strong> y <strong>SE OLVIDA COMPLETAMENTE</strong> de tus pecados.</p>
<p>Lastimosamente somos nosotros quienes traemos nuevamente a nuestra mente aquellos pecados de los cuales ya pedimos perdón y a los cuales ya Dios no se acuerda más, porque un día te los perdono.</p>
<p>Amado hermano, ya no es momento que estés lamentadote de aquel pecado de hace semanas, de hace meses o hace años, cuando tu le pediste perdón a Dios, El te perdono totalmente, es hora de que asimiles ese perdón. Tu puedes decir: “es que no creo que me perdone, pues mi pecado fue demasiado grande”, quiero decirte que no hay escala para pecados, pecado es pecado delante de Dios, así como el mentir es un pecado, también el matar o violar lo es, el error que nosotros los humanos cometemos es categorizarlos en escalas de menor a mayor, cuando realmente delante de Dios el pecado no tiene tamaño, sino que es el mismo el cual quiere perdonarte y darte una nueva oportunidad de vivir una vida santa que lo agrade.</p>
<p>Es momento de interpretar las dimensiones del enorme <strong>PERDÓN</strong> de Dios, y es que no importa cual sea tu pecado, su <strong>PERDÓN</strong> lo cumbre <strong>TODO</strong> y siempre y cuando exista en ti un arrepentimiento genuino lo obtendrás.</p>
<p>Eso si, no podemos engañarnos a nosotros mismos y creer que las consecuencias de mis pecados no los pagare, puesto que eso es otra cosa que debemos asimilar, si bien es cierto Dios te perdona, eso no quiere decir que las malas decisiones que tomaste no tendrán alguna mal efecto, pero que lindo saber que a través de su <strong>PERDÓN</strong> también obtenemos su respaldo y que junto a su respaldo <strong>LO PODEMOS TODO</strong>, pues El nos fortalecerá para enfrentar cualquier consecuencia a nuestra desobediencia.</p>
<p>Quiero dejar claro la respuesta de la pregunta: “¿Será que Dios me perdonara?”, la respuesta es: <strong>DEFINITIVAMENTE SI</strong>.</p>
<p>Dios te perdona no importa cual sea tu pecado, El no es un acusador, al contrario, El es un <strong>REDENTOR</strong> alguien que te vuelve a comprar y que quiere hacer de ti un instrumento útil en sus manos, es por eso que te ama con amor eterno y pese a que no comparte tu pecado te ama tal y como eres, pues El no te ve como eres con tu pecado, sino como llegaras a ser cuando te perdone y te restaura para comenzar una nueva vida.</p>
<p>Y es que aunque no entiendas a totalidad el perdón de Dios, debo decirte que el <strong>PERDONA</strong> hasta la persona que nosotros creemos que es imperdonable, porque su amor sobrepasa TODO entendimiento, y siempre y cuando exista un corazón humillado, y sincero, El jamás podrá negar su <strong>PERDÓN</strong>.</p>
<p>Amado o Amada, eres <strong>LIBRE</strong>, Jesús te perdono de todos tus pecados, es hora de que entiendas lo que esto significa y te perdones a ti mismo por ese error, del cual Dios ya ni se recuerda.</p>
<p><strong>Autor: Enrique Monterroza<br />
Escrito para: destellodesugloria.org/blog/</strong></p>
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		<title>El perdón.</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 14:14:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perdón]]></category>
		<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[Cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[Benjamín, un creyente que vivía en Sudáfrica, no cesaba de decir: –No debemos odiar a nadie, porque Jesús nos ama a todos. Entonces recibía esta respuesta: –Tú que eres negro, ¿quieres que amemos también a los blancos? Una noche su auto fue detenido y él fue matado a golpes. Sus asesinos tomaron su Biblia y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1087 alignleft" title="perdon" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2009/04/perdon.jpg" alt="perdon" width="126" height="126" />Benjamín, un creyente que vivía en Sudáfrica, no cesaba de decir: –No debemos odiar a nadie, porque Jesús nos ama a todos. Entonces recibía esta respuesta: –Tú que eres negro, ¿quieres que amemos también a los blancos?</p>
<p>Una noche su auto fue detenido y él fue matado a golpes. Sus asesinos tomaron su Biblia y la empaparon<span id="more-1086"></span> con su sangre. Su hijo de doce años logró escapar de esa horrible masacre.</p>
<p>Algunos años más tarde, durante una reunión, la esposa de Benjamín y su hijo dieron un testimonio de su prueba y de los consuelos que el Señor les había prodigado. Terminaron cantando un cántico que empieza con: “Padre, perdónalos”. Los oyentes escuchaban con emoción. Algunas personas pidieron que se orara por ellas. Entre éstas, un hombre vacilaba y parecía atormentado.</p>
<p>Finalmente dijo: –Necesito a su Jesús. Necesito perdón… yo formaba parte de aquellos que mataron a su marido…Más tarde la viuda contó: –Asustada, me puse a temblar. ¿Qué hacer? Pero el Señor me inspiró. Abracé al asesino y le dije: –Te perdono, como Jesús nos perdonó. Ahora eres mi hermano.<br />
Podemos admirar la reacción de esa cristiana. Verdaderamente siguió de cerca el ejemplo del Señor. Pero estamos aún más maravillados cuando pensamos en las palabras de Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).</p>
<p><em> Editorial La Buena Semilla</em></p>
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