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	<title>Reflexiones Cristianas - Pensamientos - Amor - Amistad - Paciencia &#187; Esposo</title>
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		<title>La Almohada.</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2009 04:18:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Corazón]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1044 alignleft" title="almohada" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2009/04/almohada.jpg" alt="almohada" width="126" height="126" />Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.</p>
<p>Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos<span id="more-1043"></span> que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.</p>
<p>Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.</p>
<p>Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.</p>
<p>A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.</p>
<p>La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.</p>
<p>Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.</p>
<p>Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.</p>
<p>Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.</p>
<p><em>Autor Desconocido</em></p>
<p>Hay cosas en la vida que quizás no tengan mucho precio para algunos, pero para otros pueden ser de mucho significado, especialmente cosas que con amor y comprensión y mucho corazón alguién compartió. Hay mucho que podemos hacer y que podría impactar la vida de otros. Hoy puede ser ese día en que podrías impactar la vida de otro con un gesto, un presente o solo una sonrisa pero con mucho corazón.</p>
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		<title>El taxista.</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Dec 2008 08:44:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Abrazo]]></category>
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		<description><![CDATA[La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tu hiciste o lo que tú dijiste, pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir… Hace veinte años, yo manejaba un taxi para poder vivir. Lo hacía en el turno nocturno. Mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban atrás de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-812 alignleft" title="taxi" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2008/12/taxi.jpg" alt="taxi" width="126" height="126" />La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tu hiciste o lo que tú dijiste, pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir…</p>
<p>Hace veinte años, yo manejaba un taxi para poder vivir. Lo hacía en el turno nocturno.<br />
Mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato y me contaban acerca de sus vidas<span id="more-811"></span>.</p>
<p>Encontré personas cuyas vidas me asombraban. Me adulaban, me hacían reír y también me deprimían.<br />
Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de Agosto.</p>
<p>Respondí una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad.<br />
Asumí que recogería gente saliendo de una fiesta, alguien que había tenido una pelea con su amante o un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad.</p>
<p>Cuando llegué a las 2:30 a.m el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso.<br />
Muchos conductores sólo hacen sonar su “claxon” una o dos veces, esperan un minuto, y después se van.</p>
<p>Pero yo he visto a muchas personas empobrecidas que dependen de los taxis como su único medio de transporte.<br />
Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta. Este pasajero deber ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí.</p>
<p>Por lo tanto caminé hacia la puerta y respondió una frágil voz.<br />
Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso, después de una larga pausa, la puerta se abrió.</p>
<p>Una pequeña mujer de unos ochenta años se paró frente a mí. Ella llevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40&#8242;. A su lado una pequeña maleta de nylon.</p>
<p>El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes. En la esquina había una caja de cartón llena de fotos y vajilla de cristal.</p>
<p>Repetía su agradecimiento por mi gentileza.</p>
<p>-”No es nada”, le dije. “Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada”.</p>
<p>-”Oh, estoy segura de que es un buen hijo”, dijo ella. Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó: -”¿Podría manejar a través del centro?”.</p>
<p>-”Esto no es el camino corto”, le respondí rápidamente.</p>
<p>-”Oh, no importa”, dijo ella, “No tengo prisa, estoy camino al asilo”.</p>
<p>La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos.</p>
<p>-”No tengo familia”, ella continuó, “el doctor dice que no me queda mucho tiempo”.</p>
<p>Tranquilamente alcancé y apagué el taxímetro.</p>
<p>-”¿Qué ruta le gustaría que tomara?”, le pregunté.</p>
<p>Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando eran recién casados. Ella me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era niña.</p>
<p>Algunas veces me pedía que pasara lentamente frente a un edificio en particular, o una esquina y miraba en la oscuridad sin decir nada.</p>
<p>Con el primer rayo de sol apareciendo en el horizonte, ella repentinamente dijo:</p>
<p>-”Estoy cansada, vámonos ahora”.</p>
<p>Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico.</p>
<p>Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Ellos eran muy amables, vigilando cada uno de sus movimientos. Ellos debían haber estado esperando su llegada.</p>
<p>Yo abrí el taxi y dejé su pequeña maleta en la puerta.</p>
<p>La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas.</p>
<p>-”¿Cuánto le debo?”, ella preguntó, buscando en su bolsa.</p>
<p>-”Nada”, le dije.</p>
<p>-”Tienes que vivir de algo”, ella respondió.</p>
<p>-”Habrá otros pasajeros”, yo respondí.</p>
<p>Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé.</p>
<p>Ella me sostuvo con fuerza y dijo: &#8211; “Necesito un abrazo!!”</p>
<p>Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana.</p>
<p>Atrás de mí una puerta se cerró, fue como el sonido de una vida concluida.</p>
<p>No recogí a ningún pasajero en ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día. No podía hablar, ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera ido?</p>
<p>En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida.</p>
<p>Los grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos, aquellos que para otros son sólo pequeños momentos.</p>
<p>La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tu hiciste o lo que tú dijiste… pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir…</p>
<p>“Conserva el recuerdo del perfume de la rosa…<br />
y fácilmente olvidarás que está marchita</p>
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		<title>Rosas para mi Rosa.</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2008 03:02:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Amiga]]></category>
		<category><![CDATA[Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Esposo]]></category>
		<category><![CDATA[Felicidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Lágrimas]]></category>
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		<description><![CDATA[Tenía predilección por las rosas rojas, y se llamaba Rosa. Todos los años su esposo le enviaba hermosos ramilletes. El año que él murió, llegaron las rosas con una tarjeta que decía, como todos los años anteriores: «¡Feliz día de los enamorados!» Cada año le enviaba rosas, y la nota decía siempre: «Te amo aun [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-743 alignleft" title="rosas" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2008/11/rosas.jpg" alt="" width="126" height="126" />Tenía predilección por las rosas rojas, y se llamaba Rosa.<br />
Todos los años su esposo le enviaba hermosos ramilletes.<br />
El año que él murió, llegaron las rosas con una tarjeta<br />
que decía, como todos los años anteriores: «¡Feliz día de los enamorados!»</p>
<p>Cada año le enviaba rosas, y la nota decía siempre:<br />
«Te amo aun más este año, más que el año pasado en esta fecha<span id="more-742"></span>.»<br />
«Siempre será mayor mi amor por ti, con cada año que pasa.»</p>
<p>&#8230;Pasó un año, y&#8230; a la misma hora, como otros días de los enamorados,<br />
se oyó el timbre, y allí en el umbral estaban [otra vez] las rosas.<br />
Tomó las rosas,&#8230; y&#8230; luego tomó el teléfono y llamó a la florería&#8230;.</p>
<p>«Las flores que ha recibido fueron pagadas de antemano —le dijo el dueño—;<br />
&#8230;su esposo lo planeó&#8230; así&#8230;. para que usted las reciba cada año.<br />
&#8230;y escribió una tarjetita especial&#8230; si alguna vez yo me enterara de que ya él no vivía,<br />
esa es la tarjeta que debía enviarle a usted el año siguiente.»</p>
<p>Ella le dio las gracias y colgó el teléfono, y corrieron las lágrimas.<br />
Sus dedos temblaban mientras alcanzaban la tarjeta&#8230;. y&#8230; leyó lo que [él le] había escrito:<br />
«Hola, amor mío, sé que hace ya un año de mi partida,<br />
y espero que no te haya sido difícil superar la herida.</p>
<p>»Sé que debes de sentirte sola, y que sufres un dolor profundo,<br />
porque si hubiera sido de otro modo, yo así me habría sentido.<br />
El amor que nos unió lo hizo todo muy hermoso en la vida.<br />
Te amé más de lo que pueden expresar las palabras; fuiste la esposa perfecta.</p>
<p>»Fuiste mi amiga y mi amante, colmaste todas mis necesidades.<br />
Ha transcurrido sólo un año, pero te ruego que no te aflijas.<br />
Quiero que seas feliz, aun cuando derrames lágrimas.<br />
Por eso recibirás las rosas durante muchos años.</p>
<p>»Al recibir las rosas, piensa en toda la felicidad<br />
de que disfrutamos juntos, y en las bendiciones recibidas.<br />
Siempre te he amado y sé que siempre te amaré.<br />
Pero, amor mío, debes seguir adelante; te queda aun mucho por vivir.</p>
<p>»Te ruego que busques la felicidad y que disfrutes de la vida.<br />
Aunque no te sea fácil, la hallarás de algún modo.<br />
Las rosas llegarán cada año, y sólo dejarán de llegar<br />
cuando nadie responda, y el florista deje de tocar a tu puerta.</p>
<p>»Ese día él irá cinco veces, por si acaso estás fuera.<br />
Pero después de su última visita ya no tendrá ninguna duda:<br />
llevará las rosas al lugar donde le he dicho que las lleve,<br />
y las pondrá donde estemos tú y yo, unidos nuevamente.» 1</p>
<p>En estos conmovedores versos compuestos por un autor desconocido y traducidos del inglés por Luis Bernal Lumpuy, vemos el amor excepcional de un hombre hacia su esposa. Aunque parezca difícil, así también podemos amar nosotros si, como nos exhorta San Pablo, imitamos a Dios y llevamos «una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante».</p>
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		<title>La compañía del Amor.</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Oct 2008 04:05:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Amigos]]></category>
		<category><![CDATA[Esposo]]></category>
		<category><![CDATA[Exito]]></category>
		<category><![CDATA[Hija]]></category>
		<category><![CDATA[Riqueza]]></category>

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		<description><![CDATA[Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo: -No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo. Ellos preguntaron: -¿Está el hombre de la casa? -No, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-501 alignleft" title="viejitosh" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2008/10/viejitosh.jpg" alt="" width="126" height="126" />Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:</p>
<p>-No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.</p>
<p>Ellos preguntaron:<br />
-¿Está el hombre de la casa?<br />
-No, respondió ella, no está.<br />
-Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.<span id="more-500"></span></p>
<p>Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.</p>
<p>-¡Entonces diles que ya llegué invítalos a pasar! .</p>
<p>La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.<br />
-No podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.<br />
-¿Por qué?, quiso saber ella.</p>
<p>Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó:<br />
-Su nombre es Riqueza.</p>
<p>Luego indicó hacia el otro.<br />
-Su nombre es Éxito<br />
- Y yo me llamo Amor.</p>
<p>Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 desean invitar a vuestra casa.</p>
<p>La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron. El hombre se puso feliz: ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto entonces invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa.</p>
<p>Su esposa no estuvo de acuerdo:<br />
- Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?</p>
<p>La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo.<br />
- ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.</p>
<p>Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijo el esposo a su mujer. Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped. La esposa salió y les preguntó</p>
<p>- ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor que venga y que sea nuestro invitado.</p>
<p>Amor se sentó en su silla y comenzó a avanzar hacia la casa. Los otros 2 también se levantaron y le siguieron.</p>
<p>Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito:<br />
- Yo invité sólo a Amor ¿por qué Uds. también vienen?<br />
Los viejos respondieron juntos:</p>
<p>-Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito los otros 2 habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos con él.</p>
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		<title>Una historia de amor.</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Aug 2008 13:36:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ingrid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Conmigo]]></category>
		<category><![CDATA[Enojo]]></category>
		<category><![CDATA[Esposo]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Puerta]]></category>

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		<description><![CDATA[Los pasajeros en el bus observaban con simpatía a la atractiva joven con bastón blanco cuidadosamente tras cada paso. Ella pagó al conductor, y usando sus manos para sentir el puesto de la silla, caminó el pasillo y encontró el sitio que él le dijo estar vacío. Luego de estar sentada, puso su maletín en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-270 alignleft" title="bus" src="http://www.poderypaz.com/wp-content/uploads/2008/08/bus.jpg" alt="" width="126" height="126" />Los pasajeros en el bus observaban con simpatía a la atractiva joven con bastón blanco cuidadosamente tras cada paso. Ella pagó al conductor, y usando sus manos para sentir el puesto de la silla, caminó el pasillo y encontró el sitio que él le dijo estar vacío. Luego de estar sentada, puso su maletín en sus piernas y colocó su bastón contra sus piernas.</p>
<p>Había transcurrido un año desde que Susan<span id="more-269"></span>, de treinta y cuatro años, quedó ciega. Debido a un mal diagnóstico médico, ella había quedado sin visión, y fue súbitamente conducida al mundo de la oscuridad, frustración, enojo.</p>
<p>Habiendo sido una vez una mujer ferozmente independiente, ahora Susan se sentía condenada por este terrible giro de fatalidad, de llegar a ser impotente, sujeta a la ayuda de quienes estaban a su alrededor.</p>
<p>&#8220;¿Cómo pudo pasarme esto a mí?&#8221; expresaba ella y su corazón denotaba un terrible enojo.</p>
<p>Pero no importaba cómo había llorado o suplicado, ella sabía la dolorosa realidad de que su visión jamás sería recuperada. Una nube de depresión calló sobre el una vez espíritu optimista de Susan. Y todo lo que ella tenía era su esposo Mark.</p>
<p>Mark era un oficial de la Fuerza Aérea, y amaba a Susan con todo su corazón. Al principio, cuando ella perdió la visión, él la observaba hundida en la desesperación y comenzó a ayudar a su esposa a ganar fuerzas y confianza.</p>
<p>Ella necesitaba llegar a ser independiente otra vez. Su trasfondo militar lo había entrenado bien para lidiar con situaciones delicadas, pero él sabía que ésta era la batalla más difícil que había enfrentado.</p>
<p>Finalmente, Susan se sintió preparada para volver a trabajar, pero cómo podría ella llegar a ese lugar? Ella estaba acostumbrada a tomar el bus, pero ahora era muy dificultoso circular por al ciudad por ella misma.</p>
<p>Mark se ofreció a llevarla al trabajo todos los días, a pesar de que trabajaban en lugares distantes de la ciudad. Al principio, esto confortaba a Susan y llenaba la necesidad de Mark de proteger a su invidente esposa, quien se sentía muy insegura de superar este aspecto.</p>
<p>Pronto, sin embargo, Mark entendió que este método no estaba funcionando, era costoso y extenuante. Susan iba a tener que empezar a tomar nuevamente el bus, se decía para sí. Pero sólo el pensar mencionarle esto a su esposa lo hacía temblar. Ella estaba todavía muy frágil, muy enojada. ¿Cómo reaccionaría?</p>
<p>Tal como Mark lo predijo, Susan se horrorizó con la idea de tomar el bus nuevamente. &#8220;¡Soy ciega!&#8221; respondió gritando. &#8220;Cómo se supone que voy a saber dónde estoy?&#8221; &#8220;Me siento como si me estuvieras abandonando&#8221;. El corazón de Mark se rompió al oír estas palabras, pero sabía que tenía que hacerlo. El le prometió a Susan que cada mañana y tarde subiría al bus con ella, tanto tiempo como le tomara, hasta que ella lo lograra por sí misma. Y fue exactamente así como lo hizo.</p>
<p>Por dos semanas, Mark, con su uniforme militar, acompañó a Susan hacia y desde su trabajo cada día. El le enseñó cómo apoyarse en sus otros sentidos, especialmente en el del oído, para saber dónde estaba y cómo adaptarse a su nuevo entorno. El la ayudó a hacer amistad con el conductor del bus, quien podría observarla, y guardarle un puesto. El la hacía reír, aún en esos días no muy buenos. Cada mañana, ellos hacían el recorrido juntos, y Mark regresaba camino atrás para ir a su oficina. A pesar de que esta rutina era aún mucho más costosa y extenuante, Mark sabía que sólo era asunto de tiempo para que Susan fuera capaz de tomar el bus por ella misma. El creía en ella, en la Susan que él estaba acostumbrado a tratar antes de que perdiera la vista, quien no temía ningún reto y quien nunca jamás renunciaba.</p>
<p>Finalmente, Susan decidió que ella estaba lista para probar viajar sola. El lunes en la mañana, antes de levantarse, ella colocó sus brazos alrededor de Mark, su compañero para tomar el bus temporalmente. su esposo, su mejor amigo. Sus ojos se llenaron de lágrimas de gratitud por su lealtad, su paciencia, su amor. Ella le dijo adiós y, por primera vez, salieron por diferentes rutas.</p>
<p>Lunes, martes, miércoles, jueves&#8230;. Cada día fue perfecto para ella, y Susan nunca se había sentido mejor. ¡Lo estaba haciendo! Ella estaba haciéndolo todo sola.</p>
<p>El viernes en la mañana, Susan tomó el bus para ir trabajar como de costumbre. Cuando estaba pagando, e iba saliendo del bus, el conductor dijo: &#8220;Hombre, de seguro que la envidio&#8221;. Susan no estaba segura si el conductor se refería o no a ella. Después de todo, quién en este mundo podría envidiar a una mujer ciega, quien luchaba por tomar fuerzas para continuar viviendo el año que acaba de transcurrir? Curiosa, ella le preguntó: &#8220;¿Por qué dice usted que me envidia? El respondió: &#8220;Debe sentirse muy bien ser cuidada y protegida como lo han hecho con usted.&#8221;</p>
<p>Susan no tenía idea de lo que el conductor estaba hablando, y preguntó otra vez: &#8220;Qué quiere decir?&#8221;<br />
El conductor respondió: Sabe usted, cada mañana de la semana pasada, un gentil caballero con uniforme militar ha estado esperando en la esquina vigilándola cuando usted baja del bus. El se asegura que usted cruce la calle salva, y la observa hasta que usted entra al edificio donde trabaja. Entonces él le tira un beso, le da un pequeño saludo, y se va. Usted es una dama con suerte.</p>
<p>La felicidad inundó a Susan. A pesar de que ella físicamente no podía verle, ella siempre sentía la presencia de Mark. Ella era bendecida, tan bendecida, porque él le había dado un regalo más poderoso que la visión, un regalo que ella no necesitaba ver para creerlo. El regalo del amor que le pudo traer luz, donde existía oscuridad.</p>
<p>Que felicidad tan grande saber que tienes a alguien que te ama, y te cuida en todo momento.</p>
<p>Dios nos observa de la misma forma. Solo tienes que recibirlo en tu corazón, nunca es tarde para hacerlo. Y te darás cuenta que sin verlo sientes su presencia; presencia que da paz.(Exodo 33:14)</p>
<p>Mi deseo para ti hoy es que seas bendecido con este pensamiento: &#8220;Dios te ama aún cuando no estás viéndolo&#8221;.</p>
<p>&#8220;He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno<br />
oye mi voz y abre la puerta, entraré a él,<br />
y cenaré con él y él conmigo.&#8221;</p>
<p>Apocalipsis 3:20</p>
<p>Qué promesa de Dios! solo tenemos que abrir nuestro corazón a él y entrará, y creará una comunión entre El y nosotros.</p>
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