“Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos”Salmo 98:4
A la edad de 94 años, el Pastor Willis fue internado en una casa de reposo. Desde su silla de ruedas, explicaba con gozo cómo Dios le había dado un nuevo campo misionero donde compartir el Evangelio. Cuando quedó postrado en cama algunos años después, hablaba con entusiasmo de cómo estaba en la mejor posición posible para mirar a Dios. Cuando murió a la edad de 100 años, el Pastor Willis dejó tras sí el legado de alguien que cantaba un cántico nuevo de alabanza en cada giro de su vida terrenal.
Te tomó de sorpresa pues no lo esperabas
Fue un paso que diste en tu mal proceder
Y ahora piensas quedarte callada
O dejar que los días declaren lo que encierras dentro de ti
Lo que pasó contigo ha pasado con otras
Solo debes tener confianza y valor
Levántate, no te aflijas, no le quites valor a tu vida
Que cada tropiezo en la vida te enseña a crecer.
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El compositor Jorge Federico Haendel estaba en la bancarrota cuando en 1741 un grupo de organizaciones de caridad de Dublín le encargó componer una obra musical. Era para un acto de beneficencia en el que se recaudarían fondos para liberar a hombres de la cárcel por deudas. Aceptó el encargo y se entregó sin desmayo a su composición.
En tan sólo 24 días, Haendel compuso la famosa obra maestra El Mesías, la cual contiene «El Coro del Aleluya».
Una joven profesional se fue de su hogar a la ciudad de New York. Le alquiló un cuarto a una anciana de Suecia que había emigrado a los Estados Unidos años antes. La propietaria le ofreció una habitación limpia, baño común y, además, podía utilizar la cocina, todo a un precio razonable.
La pequeña mujer sueca de pelo blanco, estableció con claridad las reglas de la casa. Nada de bebidas o cigarros
1. La alabanza comienza en la voluntad (v. 1).
«Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza es- tará de continuo en mi boca». Su actitud refleja una determinación de regocijarse pese a la situación.
2. La alabanza afecta a la emoción (v. 2).
«En Jehová se gloriará mi alma». Ahora, David alaba al Señor no solamente porque es lo correcto, sino también porque le gusta.
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Un grupo de turistas de los estados del norte de los Estados Unidos formaba parte de un gran número reunido en el muelle de un vapor de excursiones que iba a recorrer el histórico río Potomac una hermosa noche del verano de 1881. Un caballero había estado entreteniendo al grupo con una selección de los himnos que más les gustaban. El último del que habló fue “Jesus, lover of my soul”.
El Salmo 92 es un «Cántico para el día de reposo», un lugar de descanso para aquéllos que están atribulados.
El cántico comienza con un elogio a la alabanza: «Bueno es dar gracias al SEÑOR». Nos hace bien volvernos de nuestros pensamientos de desasosiego y ansiedad y anunciar «por la mañana [Su] bondad, y [Su] fidelidad por las noches» (v.2). ¡Dios nos ama y es siempre fiel! Él nos hace felices. (v.4).