Obedecer a Dios
Publicado en Vida Cristiana el 11 enero 2011 - Tiempo de lectura 1'42 minutos

“Aconteció en aquellos días,  que Jesús vino de Nazaret de Galilea,  y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego,  cuando subía del agua,  vio abrirse los cielos,  y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado;  en ti tengo complacencia.” Marcos 1:9-11

En la vida obedecemos a un montón de personas, a nuestros padres, abuelos, tíos, a nuestros maestros, jefes de trabajo, a nuestro cónyuge, etc., también obedecemos a nuestras emociones, la ira, el temor, la alegría, etc.

Prácticamente obedecemos toda la vida en diferentes formas.  Seguramente hemos aprendido, que, no obedecer tiene consecuencias no favorables, sobre todo cuando fuimos niños.

También hemos aprendido que a veces obedecer, no tiene buenas consecuencias; esto es porque a las personas que obedecemos son humanos y se equivocan. O porque nos dejamos emocionar y luego nos arrepentimos.

Sin importar que creamos si obedecer es bueno o malo, invariablemente la mayoría de nosotros mismos, damos órdenes a otros, sobre todo a los hijos, familiares, o en el trabajo, etc. ¿Por qué? Porque entendemos de la importancia de obedecer, nos hace más humildes, es aceptar que no todo lo sabemos.

Pero cuando se trata de Dios, de nuestro creador, nos cuesta tanto trabajo obedecerlo. Incluso lo cuestionamos, ¿por qué tengo que perdonar?, ¿por qué tengo orar?, ¿por qué tengo que leer la Biblia?, ¿por qué debo ir a la iglesia? Irónicamente, le cuestionamos a Dios todo. Y digo irónicamente porque, Dios no falla, Él es perfecto, no tenemos porque dudar de su consejo, Dios no se equivoca.

Aprendamos de Jesús, Él no tenía porque bautizarse, a diferencia de nosotros, Él no tenía nada de qué arrepentirse, pero no cuestionó al Padre, no el dijo ¿por qué yo, si me he portado bien? ¿Qué he hecho para merecer esto? Jesús entendía perfectamente que obedecer la voluntad de su Padre era lo mejor. Entonces fue y se bautizó. Simplemente obedeció.

Podemos obedecer a quien queramos, a los hombres, a las emociones o a Dios.  ¿A quién quieres obedecer?

Amenazaron de meter a la cárcel a los discípulos de Jesús, para que no hablaran más acerca de la buena noticia de Dios. “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Obedecer a Dios, nos conviene.

Enviado por Alejandro Cunillé


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